¡Minino, minino... pero esta nenita que se cree¡ Qué pesada, no deja de achucharme. Y ese olor a rebelde de Gaultier, no lo aguanto.
Al que no entiendo es al amo Luis: princesa arriba, princesa abajo, mi niña preciosa... ¡Qué pastel es éste¡

Claro que lo de la señora Elena es para salir huyendo: que hoy sí, mañana no, que eres mi vida, que te deseo y no te tengo... Una de cal y otra de arena, con ese tipo de negro y olor a cuero que cualquier día me despelleja la cola con esas botas cubanas.

Con lo bien que vivía yo en mi cestita azul, a mesa puesta, con los paseos y los mimos de Luis y Elena. Ahora, como de rancho y los mimos que sobran.