bjork2.JPGTodo aquel amor le atenazaba el alma, le impedía salir de lo inmediato, de lo cercano, del nido, del regazo y los mimos.
Un día el cronopio (gracias, Cortázar) diluyó su amor en un estanque cualquiera, no dejó nada en el tintero y cerró la puerta.

Ahora que ha descubierto los otros mundos no sale de su asombro.