En el cuento Uno de cada tres de Monterroso, un hombre que vive obsesionado con contar sus problemas a amigos y conocidos, recibe la propuesta de adquirir una radiodifusora especializada para así durante un cuarto de hora diario poder contar sus cuitas a las amistades y mantenerlos al día sin esfuerzo.

Hoy con las dosis de AnaRosa, MariTCampos..., la ficción de Monterroso ha quedado corta, y a la obsesión por contar los entresijos y penas de "su vida" hay que añadir la de los espectadores por tragársela. La perfecta retroalimentación.

“Éste es un mensaje de esperanza. Tenga fe. Por lo pronto piense con fuerza en esto: el mundo está poblado de seres como usted. Sintonice su aparato receptor exactamente en los 1373 kilociclos, en la banda de 720 metros. A cualquier hora del día o de la noche, en invierno o en verano, con lluvia o con sol, podrá escuchar las voces más diversas e inesperadas, pero también más llenas de melancólica serenidad: la de un capitán que refiere, desde hace más de catorce años, cómo se hundió su barco bajo la aciaga tormenta sin que él se decidiera a compartir su suerte; la de la mujer minuciosa que extravió a su único hijo en la poblada noche de un 15 de septiembre [...] Todos contando interminablemente su historia, todos pidiendo compasión.” Monterroso: Cuentos, fábulas y lo demás es silencio.