Llevo aquí cuatro días, pero tengo la sensación de que han pasado meses. El domingo tenía las trazas de final de verano y las nubes cargadas de nostalgia. El lunes llovía y el martes arroyaba: el frío me llevó a la lana y a la humedad del otoño mortecino de los días cortos; pero el miércoles, el miércoles era pleno invierno, el estruendo de la lluvia me despertó de madrugada y el viento me calzó las botas y cerró el abrigo. Y hoy, 28 de julio, es un jueves de un marzo ventoso y traicionero que repleto de “idus” se ha instalado en la ría. ¿Vendrá pronto la primavera? Misombra se ha evaporado entre brumas y nubes ennegrecidas.

Entre chaparrón y chaparrón saqueo la hemeroteca de mi madre, botín a destacar:
- Toda actriz que se precie de finísima y elegantísima viste de Prada.
- Los Borbones contagian todo lo que tocan: Letizia de España cada vez más sosicursi, y Marichalar calza zapatos Luis XIV para la gala del Deporte.
- No me aclaro con la separación de Concha Queasco, ni con los affaires de Carmen Sevilla, ni con el lesbianismo de no sé cuántas folklóricas.