Es curiosa la fuerza de las supersticiones. Vuelo Barajas - Tenerife Sur, martes 13, asiento en la fila 13, un disparo me recordó: “no te cases, ni te embarques”. No me perdí ni una coma de las explicaciones de seguridad que tan clarito nos emitía una pantalla dos filas más abajo.
Lapetarda pide un benjamín y duerme la borrachera.
La razón se impone: anochece a 50º bajo cero y la línea del horizonte se ha transformado en una franja de colores encandenados: rojo sangre de toro, azul amanecer, naranja sabiduría, azul china.
La mujer batidora nos subió hasta la casa de mi querida LA, por la autopista a mil por hora y sin dejar de hablar del accidente mortal de esa mañana en la salida de Fañabé. Encierro los sueños entre atrapasueños lakotas colgados de las ventanas. Desde que he llegado no tengo más que pesadillas.