Al final nada de helicópteros, ni grúas de alta tecnología, con dos carretillas y dos operarios y ¡hale! a trajinarse las 500 cajas desde el Archivo a los furgones aparcados en la puerta de Aníbal; bien cedo, a las seis de la mañana, y rapidito, rapidito —a las 7.18 horas legajos fuera—, con una rasca de pinganillo y cuatro insomnes de la zona para amenizar el reseco. Así de sencillín, como Carmen Calvo: en dos carretillas, si no hay nada como los útiles artesanos, los de toda la vida. Esto no se lo esperaba mi Lanzarote, él a lo grande: bolardos encendidos, bloques de hormigón en plan mediana de autopista, policía municipal desde ayer tarde... Claro que yo hubiese hecho el "saqueo" en burro, sí con dos preciosas reatas de burros para darle un toquecito a lo Bienvenido Mister Marshall, con el señor Málaga dirigiendo la recua vestido de carretero cañí y mi querido Lanzarote con su espectacular traje de charro tirando del burro por el rabo, con garra y gallardía, en un último afán por detener "el expolio".

Ahora, a mi Lanzarote, ya sólo le queda cantar aquello de: "Al alba, al alba... Quiero que no me abandones, amor mío, al alba... Presiento que tras la noche vendrá la noche más larga..."