Tres Dominicas de la Presentación con el mismo corte de pelo, de piel blanquita, pelo negro, cara redonda, mejillas sonrosadas y chaqueta a juego, como buenas hermanas, contestan de buena fe a las preguntas de un sarasa recién casado y una finolis que se ha operado la delantera y luce escote de los que permiten ver a gusto el canalillo de las tetas. Las hermanas les explican con paciencia de convento cómo se les ha ocurrido lo de mivocación.com: que es un medio de llamar la atención, que desde varias partes del mundo se han puesto en contacto con ellas, que han tenido 25000 entradas en dos días. Las monjitas de seglar siguen parloteando de espiritualidad ante el vacío del mundo, de la llamada de Dios, de que también ellas han estado antes en el mundo, de sentir el fuego del Evangelio, que Santa María Magdalena también fue pecadora, en fin lo de siempre..., de lo divino y lo humano con estilo sor Citroen tertuliana del siglo XXI.
—Pero..., ¿cómo las puedes aguantar? —me espeta Misombra con voz revuelta, removiendo el azúcar con la cucharilla.
—Para ya, deja de revolver, parece que estás tocando la campanilla y que nos llaman a maitines —le contesto mirándola con ojos de obtusa, preguntándome qué mosca le habrá picado a ésta.
—Me ponen del hígado, no las trago, me recuerdan a sor Piedad, la que nos daba filosofía y labores del hogar, ¿no te acuerdas? No las puedo soportar. Siempre con esas mañas de no haber roto nunca un plato, ese paripé compasivo —Su voz adquiere temple de mala follá y de un golpe se escurre como una anguila entre la mesa y el sofá, abre el balcón y se tumba al sol entre los tiestos de los narcisos.
—¡Niña! Qué ya es primavera... Apaga eso.