El jaleo mediático de la semana comenzó, sin duda, cuando: "Euskadi Ta Askatasuna ha decidido declarar un alto el fuego permanente a partir del 24 de marzo de 2006". Tres tipos enmascarados de blanco, con txapela y jersey negros, sin arquear una ceja y mas tiesos que un garrote, ante una mesa de operaciones y con el famoso anagrama de la serpiente y el hacha como telón de fondo daban el marco solemne y grandioso a tal declaración contada por una voz femenina bien modulada, tranquila y candenciosa que intrigó a más de uno. ¿Quién es la voz de ETA que parece de locutora de telediario?

Desde ese momento de todo como en botica: corrió el champán –mejor dicho el cava—, declaraciones de Zapatitos, la cara de vinagre Acebes en el Congreso, respuestas de Mariano, opiniones de las víctimas, comentarios de politiqueros varios, interpretaciones de la judicatura, lecturas entre líneas de periodistas, desconfianza en los más viejos e ilusión en los que gobiernan y allegados. Tres jubilados al sol en un banco de la plaza de Julián Sánchez, "El Charro", llegaron en un tris al acuerdo de que "el gobierno se ha bajado los pantalones" y, liquidado de un trago el tema estrella de la semanita, pasaron a debatir el siguiente punto del orden día, a saber, la artrosis galopante después de estos días lluviosos.

Lo mejor de todo este aluvión —que me temo no ha hecho más que comenzar sobre todo ahora que ETA ha decidido entrar a lo grande en los mass media dosificando los comunicados, ya vamos por el segundo en cuatro días—: la viñeta de Forges con sus viejitas declarando "que se ha acabado la última guerra carlista". (Repasemos queridos niños: la primera guerra carlista permitió a los territorios vasconavarros mantener sus fueros, más tarde respetados por el Caudillo por el apoyo que le prestaron los carlistas, antecedente del peculiar sistema de financiación del País Vasco en la actualidad). No me veo tan optimista con las doñas. Veremos. De unos figuras con corazón de bronce que han llegado a liquidar a diestro y siniestro, incluso a su propia gente por abandonar la organización -recordemos a Yoyes-, cualquier cosa.