Ya estoy de vacaciones. ¡Al fin!..., después de un julio agotador. Bajo la sombra del castaño, con el trasero anclado a mi tumbona favorita, intento desconectar del trabajo libro en ristre y aprovecho para hacerme con un arsenal de armas de destrucción masiva con las que afrontar el regreso al tajo —una amenaza a la vuelta de la esquina—.

Lo mejor del libro de Corinne Maier, Buenos días, pereza. Estrategias para sobrevivir en el trabajo, es que nos ayuda a librarnos de esa maldita moral cristiana de “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, y ¡hale! a currar, a subir los índices de productividad que los tenemos por los suelos. Tras una carrera de ejecutiva en grandes empresas, la señorita Maier se ha convertido en una descreída y provocadora que nos recomienda el individualismo y la ineficacia, la falta de escrúpulos con la empresa, mientras esperamos que todo este sistema se hunda.

“El asalariado es la figura moderna de la esclavitud. Recuerda que la empresa no es el lugar donde desarrollar tu potencial, porque ya lo habrías hecho. Trabajas por lo que cobras a fin de mes, “y punto”...

No vale la pena querer cambiar el sistema, oponerse a él es reforzarlo; criticarlo es darle mayor solidez. Evidentemente, puedes permitirte alguna broma anarquista, por ejemplo, instituir el día de: “Llamaré a la oficina para decirles que estoy enfermo”...

...trabaja lo menos posible y dedica algún tiempo (pero no demasiado) a venderte y a crear una red de contactos, con el fin de tener apoyos y ser intocable (e intocado) en caso de reestructuración de la empresa.

No te juzgarán por la forma en que hagas tu trabajo sino por tu capacidad para adaptarte sin protestar al modelo promocionado. Cuanto más uses la jerga empresarial, más pronto creerán que estás en el ajo.

Nunca, bajo ningún concepto, aceptes un cargo de responsabilidad. Te verías obligado a trabajar más, sin más contrapartida que un plus de algunos miles de euros (es decir, calderilla), y eso con suerte.

... elige los puestos más inútiles: asesoría, consultoría técnica, investigación, estudio.
Cuanto más inútiles sean, más difícil será cuantificar tu contribución a la creación de riqueza de la empresa... Lo ideal es terminar apartado: los puestos improductivos y muchas veces “transversales” no tienen consecuencias, pero tampoco sufren ningún tipo de presión por parte de la jerarquía.”

Cierro las tapas del librito, respiro hondo y repito mentalmente tres o cuatro veces los consejos de las señorita Maier. ¡Listo!, ya puedo descansar. A por el siguiente... Miro al cielo y las hojas del castaño me saludan vivarachas, un par de flores alargadas y feuchas caen sobre la hamaca de listas azules y blancas. ¿Cuál toca ahora? Los Caballitos de Tarquinia de la señorita Duras. ¡ A por ellos!...