Gracias a Wanadoo, en adelante Orange, he vuelto a la era del tam-tam, tengo el adsl muerto y sin visos de que renazca de sus cenizas después de una semana –y lo que te rondaré morena- y a pesar de mis peleas diarias con el call center —que me están costando una fortuna desde el móvil—. El primer día hacía sol, todo era optimismo, avisé de la avería y “la incidencia quedó registrada”, y yo a la espera de su llamada sanadora. El tercero, ante el silencio del servicio técnico de Orange, empezaron las palabritas pero colgué radiante por mi capacidad de seducción a distancia y satisfecha con mi nuevo nombre de usuario y contraseña para la nueva tarifa plana 24 horas que me habilitaban en tanto resolvían la “incidencia”. El cuarto, quinto y sexto se llenaron de mis quejas, reclamaciones, gruñidos y exabruptos ante la imposibilidad machacona de acceder a la supuesta tarifa plana, mientras los teleoperadores repiten la misma cantinela "le paso el aviso al servicio técnico para que lo solucionen, no se preocupe, la llamarán". Sigo esperando.

En una de estas esperas me he ido al cine: “LLamando a las puertas del cielo”. La última película del señor Wenders en la que me queda claro que su auténtica media naranja es el señor Shepard –con el ya había colaborado en París-Texas—. Juntos nos cuentan una maravillosa historia que en la que hablan del AMOR en los desiertos de Nevada, en pequeñas ciudades cutres y aburridas, pero con unos casinos dignos de Las Vegas, con toques de road movie y de cuadro de Hopper. A ambos le seducen las solitarias y desérticas carreteras americanas, las pequeñas ciudades de la América profunda con moteles destartalados, borrachos filósofos y camareras de caderas impresionantes. Lo confieso soy una fan de Sam Shepard que, además, está tan guapo con sus dientes torcidos!

Y el séptimo descansé.

“... sólo para observar a Faye balancear sus increíbles caderas al cruzar las puertas de la cocina, cargando con bandejas de pavo humeante y bocadillos calientes de beicon, tomate y lechuga, y siempre con una sonrisa dedicada a las multitudes que rompía corazones: los gordos, los feos, los maleducados, los borrachos, los locos, no hacía ninguna distinción, todos recibían el mismo rayo radiante de bondad de sus ojos.”
El sueño del paraíso. Sam Shepard.

Pero mañana ataco de nuevo... Se admiten apuestas, ¿recuperaré mi adsl esta semana o la tarifa plana esa que dicen me han habilitado o lo que sea?

Mientras tanto al bosque a por leña, las señales de humo se disipan.