Este año ha tocado el calendario de los bomberos de Salamanca —hombres de gesto valeroso con pose gallarda y un aire áspero en la mirada—: Melchor que tenía el año juguetón; pero ya estoy temiendo los próximos Reyes Magos. Sí, ya lo esto viendo..., a Melchor que se descuelga con una “Boneca faladora” en un arranque de empatía nacionalista, y recuperando sus orígenes chiitas, sijs, kurdos, suníes..., o de cualquier otra tribu de la zona entre las que tanto predicamento goza el etnocentrismo, decide recordarle sus raíces a una gallega en la diáspora, e intenta una normalización lingüística siguiendo el ejemplo del señor Bieito Lobeira, diputado del BNG, que ha presentado una iniciativa parlamentaria en la que anima al Gobierno gallego a impulsar la fabricación de una muñeca repollo que hable gallego, al estilo de la Nines que pide que la peinen, que le den de comer o de beber en catalán hasta acabar con las pilas.

El señor Lobeira cree que los juguetes y regalos que reciben los pequeños pueden convertirse también en instrumentos para la normalización lingüística, tan necesarios en las urbes gallegas donde “o galego se encontra prácticamente excluido”. Así que nada mejor que unas muñecas interactivas (bonecas faladoras) que hablen gallego puesto que las existentes en el mercado “non falan unha soa palabra en galego” limitándose a reproducir un “esquema lingüistico imposto”. El problema del nacionalismo es que siempre anda un trecho atrás: muñecas parlanchinas cuando el futuro son los videojuegos, y ¿para los nenes? ¿bomberos normalizados?
¡Y yo que soñaba con la Barbie Sirenita!