Tengo un sofá nuevo de mucho colorín, a pintas crema y bermellón. Tiene un perfil aguileño, figura robusta más bien escasa de curvas, y posaderas de ama de cría. Me sienta tan bien! Con el ímpetu del sofá por estrenar, llega la renovación: tiro por la ventana las Reflexiones sobre la revolución en Europa de Darhrendorf; me deshago de la modernización y cambio político; largo al reciclaje al señor John Stuart Mill; mando a freír espárragos la teoría política y despido con cajas destempladas los azares combinatorios de análisis estadísticos varios. Pero no puedo con La utopía, se me rebelan Moro, Bacon y demás utópicos visionarios; se han atrincherado en el altillo del armario y no hay quien asome. Me tumbo en el sofá y enciendo la tele; Carmen Sevilla piropea rumbo a río, y los del altillo, exhaustos, van quedando dormidos.