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"En la mañana del último día de octubre desembarcamos en Túnez.
.../...en aquel país nuevo, nada me atraía fuera de Cartago y algunas ruinas romanas: Timgat, de las cuales me había hablado Octavio, los mosaicos de Susa, y sobre todo el anfiteatro de El Djem, al cual, me proponía acudir sin tardanza. Era preciso llegar en primer término a Susa, y de allí seguir en el coche del correo;
...La diligencia de Sfax sale de Susa a las ocho de la noche, y atraviesa El Djem a la una de la mañana.
.../... Arribamos a El Djem, y no había albergue; en su lugar un horrible bordj. ¿Qué hacer? La diligencia reanudaba su viaje. El poblado estaba dormido; en la noche que parecía inmensa se entreveía vagamente la masa lúgubre de las ruinas; aullaban los perros.
.../... Recorrido en unos instantes, el anfiteatro me decepcionó; incluso me parecía feo bajo ese cielo opaco. Tal vez mi cansancio ayudaba, hacía crecer mi hastío. A mitad del día volvía a él, por falta de otra cosa, buscando en vano alguna inscripción en las piedras.”
El inmoralista. André Gide.