El jardín tiene dos limoneros, varios manzanos chatos con ramas que rozan la hierba, un peral de cargado de miniperas tostadas por el sol, un ciruelo retorcido y manco, sin hojas ni ciruelas. El cerezo ajado y somnoliento ha conocido épocas mejores. Un año más nos ha dejado sin cerezas. El viejo naranjo alto y desgarbado, todavía cargado de naranjas. Cerca de la camelia, un rosal de flor solitaria soporta como puede la compañía de los pulgones.
El mismo pájaro de todos los días camina por el empedrado, picotea una brizna de hierba, levanta la cabeza y nos mira con ojos ribeteados en blanco.
Al fondo, el mar azulplata refleja los rayos del sol.
El pájaro despliega las alas.


"Este nuevo mundo pesa un attogramo.
Sin embargo, todo tiene un tamaño experimental, es invisiblemente diminuto o ambiguamente inmenso. Hay en él hojas que han crecido como ciudades y pájaros que anidan en la concha de berberechos.
(...)
Huevos de cáscaras color azul celeste, con un peso equivalente a un universo en ciernes.
Y, debajo, champiñones blandos y pequeños como la oreja de un ratón. Una grieta como un corte, y dentro, millones y millones de microbios preguntándose qué hacer después. Esporas a la espera del viento que no vuelven la vista atrás.
Musgo concentrado en ser verde."
El Planeta Azul. Jeanette Winsterton.


Esta mañana la hierba brilla. El cielo gris esponjoso vuela hacia el Este. El jardín huele a campo mojado. En el suelo, las naranjas caídas están cubiertas de moho, su olor a esporas reventonas esconde el aroma del azahar.
Vuelve a llover. El pájaro negro se refugia en la caseta del perro.
Al fondo, el mar envuelto en nubes añora los rayos del sol.
El pájaro despliega las alas.