Era una fría madrugada de invierno de mantita y televisión. El señor Sánchez Dragó, en su programa “Las noches blancas”, entrevistaba a Carmen Posadas, una señora con apariencia de señorita pulcra y modales de internado suizo, a propósito de su último libro, La cinta roja, una biografía novelada de Teresa Cabarrús, noble de belleza deslumbrante que ayudó a Napoleón al comienzo de su carrera, en momentos de miseria y escasez; incluso le regaló una casaca, hecho que éste olvidó y no perdonó, según repitió varias veces a lo largo de la entrevista.

La siguiente entrevistada era Reyes Monforte, autora del libro, Amor cruel, que cuenta el caso real la abogada valenciana, Mª José Carrascosa, encarcelada en USA acusada de raptar a su propia hija.

Y para finalizar, la señora Isabel San Sebastián presentó Astur, una novela histórica ambientada en el reino de Asturias, en el siglo VIII, con la que pretende recuperar y defender la España visigótica y cristiana.

Las señoritas Posadas y San Sebastián se han decantado por la novela histórica, muy de moda en los últimos años, cada una en su estilo. La primera, como muy bien imaginan queridos, en una onda más glamurosa, más de savoir faire, y totalmente afrancesada. La segunda en un tono de “sagas irlandesas” o “leyendas germánicas” –en palabras de la autora-, más épico, vaya; reivindicando, of course, la España visigoda como germen de la España actual, y cristiana.

Merece destacar el semblante complaciente, la mirada fisgona y coqueta por encima de los lentes, a mitad de nariz, de nuestro ínclito Fernando. Todo un despliegue de las mejores sonrisas, toqueteos de buenas palabras y demostraciones de inmejorables maneras convirtieron la madrugada en un peloteo empalagoso muy de tarde de domingo. Muy complaciente el señor Sánchez Dragó con las chicas.