"Hay hombres-bazares. Se embarcan llevando un acopio de ideas bonitas. Tienen al principio una clientela asidua y jovial. Pero, a poco tiempo, quiebran. Han hablado tanto que quedan vacíos, resonándoles el hueco de las frases expedidas.

Y acontece el gran cambio. La jactancia de los primeros halagos se conierre en desasosiego y fastidio. Claro: no pueden reponer el stock amable, por más que se expriman y rebusquen.

Al final del crucero su bagaje es liviano de simpatía. Y bajan cavilosos, entre la indiferencia general, lo mismo que contrabandistas a quienes hubiesen decomisado el contrabando."

Periplo. Juan Filloy.