Al poco de doblar la esquina de María Auxiliadora, subiendo por Van Dyck me encuentro con el desfile del martes de carnaval: un moreno con un bombo, un tamborilero, y tres músicos más amenizan la marcha con musiquilla jaleosa. Más que martes de carnaval parecía el desfile procesional del Corpus, solamente las princesas azules, las cabareteras sesentonas, los gnomos zaínos y las hadas de pelo violeta desafinaban con el pesado caminar, el gesto adusto y frío de los paseantes.

Cuando era pequeña, en los carnavales de mi pueblo, era muy afamado el "baile de fachas" en el que la concurrencia que no iba disfrazada llevaba una larguísima capa negra. Me acuerdo de las capas negras de raso de mi madre y mis tías, con enormes capuchas ribeteadas de azul o violeta; me acuerdo de sus antifaces negros de tela. A escondidas me ponía la capa de mi tía que arrastraba por el pasillo deseando ser mayor para que me dejasen ir al baile.