Ha pasado San Ezequiel, el día de la República y San Calixto, y hemos llegado a San Jorge con un libro y sin una rosa. Todavía no me acostubro a los gritos doloridos de las gaviotas, ni al calor destilado de la habitación 218. En el jardín las flores de los rododendros escurren las últimas gotas de la noche. Esta mañana ha vuelto a llover.