El viento estrella los pétalos de los árboles de la plaza de España contra el asfalto. Los neumáticos los aplastan como si de cucarachas revoltosas se tratase. Cien pasos más abajo, un tipo de pelo blanco y abrigo negro con el pelo alborotado observa  cautivo la Torre del aire desde la terraza de Loft37. Me recuerda a John Cale: nariz aguileña y orejas al acecho. Y me acuerdo de su maravilloso concierto en el CAEM cuatro años atrás. ¿Será Sir Cale? No creo, pero gracias mister por recordarme aquella tarde inolvidable y gélida de febrero.