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1 de octubre de 1931

Madrid 1 de octubre de 1931

 

 

Querida Amalia:

 Al fin podremos votar las mujeres. Esta es la gran noticia. No quería que terminase el día sin escribirle contando todo lo sucedido en este día de victoria pero, al mismo tiempo, terrible. Esta tarde hemos votado el artículo 34 y obtenido un resultado mejor del esperado después de los duros enfrentamientos de la jornada: 161 votos frente a 121.

Debería estar contenta, sin embargo me siento cansada, moralmente fatigada. Ha sido un día tan largo, tan tenso, que mis fuerzas han llegado al límite. Después de meses de debates inacabables, de escuchar argumentos jocosos a veces de la más ancestral misoginia: el histerismo de las mujeres, su inmadurez política o sometimiento al marido y al confesionario; el agotamiento me ha invadido al abandonar la Cámara. Debería estar feliz y haber celebrado la victoria con Luis en cualquier café o con los compañeros socialistas que votaron a favor de nuestra causa, salvo notorias ausencias, como la del cobarde Prieto, que abandonó el salón de sesiones y arrastró tras de sí algunos diputados. Mas todos los desdenes, insultos y desprecios me han quebrado, ensombrecen la victoria. No estoy de humor. El cansancio y esta lucha solitaria han marcado a hierro mi alma, no tengo el ánimo para brindis, ni celebraciones. Solamente deseaba llegar a casa, encerrarme entre estas cuatro paredes protectoras. En el silencio de la alcoba todavía resuenan en mi cabeza los gritos del señor Prieto: ¡Una puñalada trapera a la República! Una vez concluida la votación, en el hemiciclo y, sobre todo, en los pasillos, estalló la algarabía: los diputados se increpaban unos a otros y me increpaban a mí. De pronto, el señor Prieto me clavó sus ojos henchidos de odio y desprecio para vociferar tales palabras. Me ha dolido su actitud. No consigo olvidarlo. ¿Qué pecado he cometido? Acaso es un pecado defender nuestro derecho a votar sin pensar en los intereses partidistas. Las mujeres votarán a la derecha, no es el momento, no cesaban de repetirme mis correligionarios radicales, también ellos me han abandonado en esta lucha. También Victoria y Margarita me han abandonado, no sólo a mí, a todas las mujeres. ¿Por qué han traicionado a su sexo? Y quién sabe si votar en contra de mi partido no supondrá el fin de mi carrera política.

Hoy hemos vencido, pero el estado de nerviosismo de los radicales, la furia en los ojos del señor Prieto y el desdén de ciertos republicanos me hacen temer que no se darán por vencidos tan fácilmente, que buscarán cualquier estratagema para darle la vuelta, y aún nos quedan muchos artículos por votar.

En fin, querida amiga, cierro la espita que he necesitado abrir tras este día agotador. Antes de que el cansancio me venza y no pueda continuar escribiendo, la última cuestión... ¿ya sabe si podrá venir a Madrid para Difuntos?

Mis recuerdos muy afectuosos con un gran abrazo de su buena amiga y compañera,

Clara Campoamor.

31/03/2019 18:27. emma b #. memorias No hay comentarios. Comentar.

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