Emma B.El diario de una chica de provincias
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema basuras y legañitas. espías y barajas nocturnasA las 2:03 no podía seguir leyendo las aventuras del retorcido personaje de Auster en el lejano oeste. Cerré el libro, apagué la luz y eché el cierre. Despierto sudorosa y dispuesta a madrugar, a dejar en la almohada el tropel de sueños de esta noche, tercos olvidados. Miro el reloj, tan sólo ha pasado una hora, son las 3:14 , todavía queda sitio para unos cuántos sueñecitos. Silencio. La luz de la farola me deja ver la silueta de la mujer del cuadro de Hooper. Lee al borde de la cama en una habitación de hotel. Sola. Recuerdo el anuncio en la web no sé qué: "Espía a tu vecinita sin que te vea. Ningún muro podrá frenar tus fantasías. Convierte tu móvil en una cámara espía." Tal vez los vecinos de enfrente se lo están pasando como enanos viéndome dar una vuelta, otra, otra más, decúbito supino, de lado. Me levanto medio mareada y por ver si hay moros en la costa. Nada, los vecinos cerrados a cal y canto tras las persianas. Sin resquicios de luz entre las rendijas. Ni un alma. Los obreros han abierto de nuevo la zanja de la obra de mi calle inexistente, y van... seis. Misspiernas duerme sin bajar la persiana como yo. Tampoco hay luz. Con cámara de andar por casa y espiando desde la terraza familiar un abuelito se hace famoso con la obra de El Corte Inglés. Es lo que tiene la noche, la toma una con algo y se alarga ad infinitum, por lo menos hasta que agarra las neuronas por los cuernos y decide poner orden en el gallinero. Recurro a Cortázar. Abro Octaedro al azar en busca de alguna señal: "Más tarde -la noche giraba despaciosa con su cielo hirviente de estrellas-, otras barajas se mezclaron en el interminable solitario del insomnio. La mañana traería las llamadas telefónicas, los diarios, el escándalo..." Clarea por el este. Lejos, muy lejos. Recordar el concierto de Ara Malikian de anoche todavía me estremece. Son las 7:55, una jauría de pájaros ha comenzado a gorjear. noches de veranoLas fragancias de las noches de verano despiertan los deseos dormidos. Olores del jardín después de la tormenta. Era media noche, gotas sonoras y brillantes comenzaron a caer, templadas y huecas. Vapores despiertos y deseos húmedos de noche de sábado. La lluvia arrecia. Aromas de pieles hambrientas santifican la noche de piedra dorada. Bautismo de lluvia. Promesas y deseos. Los cuerpos empapados en las escaleras de la Clerecia. Estrellas y conchas. Los sonámbulos caminan con la expresión de los seres olvidados. Olores desde de la tierra, desde los balcones; rosas, geranios, petunias, juncos, trigales, tilos y flores sin nombre ascienden por la calle Compañía. Un aviso de dios. Una promesa cumplida.
domingo silente
un díaComienzo el día. El día es el cartero que llama en mi casa pero se ha equivocado de piso. Un par de horas más tarde, el día es un chulo en un coche tortuga que casi nos atropella en un paso de peatones y semáforo verde. A las dos, el día es el estanquero que no puede venir a tomar el Perucchi porque ha quedado para fornicar. En el sillón, el día es Milanzarote que se va Cuba! en viaje de trabajo (qué venga moreno, por dios!, ese tono cadáverico no le sienta nada bien) El día son las palabras ocultas, las canciones y las voces. Con esta oscuridad ya no hay día. Hay un anuncio en la tele que dice que somos todo lo que hemos visto… Borges decía que “Somos todo el pasado…”. A estas horas soy todo pasado y sueño. el deseo
El deseo según Gilles Deleuze. Maite Larrauri/Max. Las nubes no han dejado de pasar. Vienen sacuden su melancolía y se van. La lluvia chisporrotea sobre el tejado del palacio de Monterrey. El ciprés cimbrea ladino sus ramas. El viento revuelve los cabellos y me deja en blanco.últimamente a la sombraÚltimamente, a la sombra de una cortina blanca tengo sueños deshilvanados, prendidos con alfileres. Tienen varios remiendos mal rematados que se desflecan. Necesito varias horas de la mañana para repasarlos y cogerles el dobladillo. Aún así, y a pesar de mis dotes de zurcidora no consigo una vestidura ni tan siquiera corriente. Si me duermo bajo los tilos ¿cómo serán los sueños? el fin de semana no prometíaEl fin de semana no prometía grandes filosofías, más bien un par de días turbios, pasados por agua y relax. El viernes decidí comenzar con los deberes pendientes y, antes que nada, ver “Elegy” de Isabel Coixet. Me defraudó –sí, demasiado categórica, lo sé-. Entre Pe, que no acabo de pillarle el punto, y su falta de química con Ben Kingsley —¿alguién se cree tal amorísimo entre ambos?—, y ese hombre que se derrumba entre melodías de Satie, caídas de hojas y demás touches melancoliques sale una con el “no me lo puedo creer” en la punta de la lengua. Me dejó mal cuerpo, con los pelos revueltos y el estómago encogido hasta que me atizé unas dosis de publicidad en la tele que dejaron como nueva; me cargaron las pilas para dos o tres días. En el primer spot, cientos de niños de diferentes nacionalidades, con acentos distintos que piden un mundo «para los hijos de nuestros hijos». Comienza con una mocosa de unos cinco años que les da el desayuno a los papis: “Mamá, papá, quiero tener un hijo”, y así el resto de la caterva nos cuenta qué mundo quieren para ellos. Está claro, Endesa intenta transmitir continuidad tras la OPA, y además confianza en un futuro mejor, a pesar de la crisis del petróleo y de los alimentos, de las hipotecas basura. Un futuro que nosotros y nuestros hijos imaginan posible, al alcance de la mano. Se trata de inducir confianza frente a este futuro incierto que planea en la calle y en nuestras cabezas, que nos hace tambalear y dudar. Pero lo curioso es que otra empresa del sector energético pone su granito optimista con otro original anuncio. Con música de piano de fondo repasan los logros de la humanidad: “Inventamos la rueda. Descubrimos el fuego. Llegamos a la luna. Hicimos el pan y sal... Inventamos Manhattan, Macondo... Hicimos catedrales, pirámides, aviones. Inventamos el rock, la penicilina..., los jardines de Babilonia y hasta Peter Pan. Si hemos sido capaces de todo eso, cómo no vamos a ser capaces de proteger lo que más nos importa. Repsol, inventemos el futuro.” Todo un mensaje de optimismo y fe en la humanidad –si antes lo hemos hecho, ahora ¿por qué no?—, creer en el futuro, en el poder del hombre para crear un futuro mejor a pesar de la crisis, de la desazón y falta de confianza. La antítesis del “No hay futuro” del punk. Hay un futuro, está por inventar, nos dicen. Ahora que el precio del petróleo se ha disparado, los bio-combustibles no son alternativa y provocan crisis de alimentos, el ladrillo va de capa caída, y la economía cuesta abajo en su rodada, los grandes del sector energético se empeñan de infundirnos optimismo, esperanza y fe en el porvenir: Está claro, amigos, saldremos de ésta. Todo está en nuestras manos, y tú puedes conseguirlo. Creo que Solbes, los ladrilleros, la banca Morgan..., deberían contratar a las agencias de creadoras de estos anuncios para que transmitan con pizco de confianza a los mercados, y a los consumidores a ver si relanzamos la demanda. ¡Y a crecer! ¡Si son las mil! Necesito mi dosis de Repsol. miro por la ventanaMiro por la ventana. El suelo está mojado. Una hilera de coches bordea la acera. Azul, blanco, plateado, blanco, negro, granate, blanco, blanco, gris, plateado. Los estorninos levantan el vuelo al escuchar la sirena de una ambulancia. ETA ha vuelto a matar. La hilera de coches da la vuelta a la esquina: azul marino, negro, blanco, gris, gris. Dos mujeres de pelo negro caminan bajo mi balcón. Hablan despacio en una lengua que no entiendo. Si fuera primavera vería el sol reflejarse en los cristales de los coches rojos que bordean la acera. El aire templaría las voces de las mujeres de pelo negro. El suelo ampararía los pasos de las mujeres que caminan despacio. Una tarde de mayo. 9 de mayoEl aire es frío, pero ha vuelto a salir el sol. No se habla de otra cosa que de Fritzl, el monstruo austriaco, y del mayo del 68. Ya ni me acuerdo del invierno.(Vuelvo a limpiar con saña el teclado del ordenador). Es viernes, ahora tengo tiempo. peces![]() Hubo un tiempo en que lo primero que comía eran los ojos de la merluza y robaba las kotkoxas de los platos vecinos. Ahora tengo un acuario con tres peces de colores y algas trepadoras de hojas diminutas, y un caballito de mar disecado escondido en una caja de cristal. Todas las mañanas, antes de lavarme los dientes, compruebo que los tres todavía están ahí.
que la tierra te sea leveEsta historia comienza en Mérida, un sábado con un sol a ráfagas del norte, el fin de semana de los nombramientos ministeriales, que tanto han dado que hablar, y del gran premio de Estoril. El viento envuelve redondo las gradas del teatro de Emerita Augusta. Proserpina, diosa cuya historia es la base de un mito de la primavera, reina del mundo subterráneo, raptada por Plutón —muy cerca de ella entre las columnas del frente de escena— a los infiernos, nos ha devuelto las lilas blancas y las rosas fragantes al peristilo. En un arrebato de infiernos primaverales, un hombre mata a su madre y se pasea con su cabeza envuelta en una camiseta por las calles de Murcia. Cíane —náyade compañera de Proserpina— trató de impedir su rapto pero no pudo hacer nada contra Plutón. LLena de dolor, se disolvió en lágrimas. Una joven se ahorca con su cinturón de cuero en la verja de la plaza de San Román. (Sit Tibi Terra Levis) Pirítoo, un amigo de Teseo, trató de conquistar a Proserpina, y bajó al Hades con la intención de casarse con ella. Como castigo se sienta para siempre en la Silla del Olvido, a la que fue firmemente atado con anillos de serpientes. Hércules intercedió por él ante Plutón y lo devolvió al Mundo superior ileso. las horasLos pasos apresurados. Llego tarde. Comienza a llover. El tiempo se echa encima. Las horas no esperan, los minutos arden. Vuelvo. Nadie me espera. Suena el teléfono, tampoco contesto. Llega a deshora. No tengo tiempo. nostalgiaHe vuelto calada hasta los huesos. Los calcetines negros empapados han teñido los dedos de los pies de azul oscuro casi negro. Las gotas de lluvia resbalan por el cabello hasta los hombros. Los cuatro pelos del flequillo han resistido la ventolera inmóviles, pegados a la frente como lapas. No. Es mentira, no he vuelto calada. No llueve. Apenas llueve últimamente. Lo último cuatro gotas avaras y desnutridas. Hace años volvía empapada de la cabeza a los pies, los pantalones de pana pegados a los muslos, los zapatos encharcados, el paraguas con las varillas rotas. Ahora, el pelo ondulado y brillante, repleto de ausencias, añora la lluvia a cántaros. A cambio, tengo el mismo paraguas desde hace seis años. una navidad de Tomeo a la BruniEstas son unas navidades tomeístas, para ser exacta ha sido un año tomeísta, me he dedicado al señor Tomeo en cuerpo y alma. Todo comenzó en invierno con “El cantante de boleros” que me cautivó por su lenguaje trasnochado y ternura, luego fue “La noche del lobo” que me recordó al teatro del absurdo de “Esperando a Godot”, en ella dos hombres inmovilizados por una caída están condenados a conversar en su soledad , una fría noche de niebla al borde de un camino, y para rematar he engullido entre mazapán y polvorón “El crimen del cine Oriente” con un picante regusto a melodrama de arrabal cañí y “El castillo de la carta cifrada” de empaque más complejo y tintes kafkianos: “Alrededor del amor acechan siempre monstruos de sangre fría”. Me gustan sus textos cargados de ironía y poesía, su punto divertido, esa sensación de siempre hay algo más allá de la historia evidente. Vista desde fuera, sin lugar a dudas, ésta es la Navidad del señor Sarkozy y su enamoradita la señorita Bruni, de voz melosa y longa cabellera, a lo Francoise Hardy o Jane Birkin —que seguro le ponían al presi ya en sus años juveniles—, que cantaba aquello de: “Tu es l’envie, e moi le geste, t’oi le citron, et moi le zeste... t’es le moustache de mon Trosky,...., Toi la putain, et moi la passe..., T’es tous les éclats de mon rire, .. T’es le jamais de mon toujours. T’es mon amour, t’es mon amour...”. otoñoHay quien dice que fue algo que Misombra cogió dónde los moros de tanto viaje y tanto desacarreo. No sé..., no creo, más bien parece algo de otoño. Desde luego, de tanto aplacar la furia entre escarchas no podía salir nada bueno. Los sueños de frío le atemperaron la cabeza sí; el pelo recuperó formas onduladas, pero su piel conservaba la palidez desnuda de los durmientes y un ambiente blanquecino y destemplado se adueñó de toda la casa. “La vida discurría en voz baja, se movía con lentitud astuta”, nada interrumpía el diario ir y venir de Misombra —en silencio, siempre en silencio—, ni las controversias informativas de una cumbre transoceánica, ni los males de amores de una infanta borbónica, ni los gritos y soflamas contra la subida de las tasas programada por mi Lanzarote, que nos quiere con telarañas en los bolsillos. “El mundo parecía estar a siglos de distancia”, lejos de las calles mojadas, de los montones de hojas amarillas esparcidas por los jardines, de las gotas de lluvia que daban un lustre hiriente a sus manos. “Había quien decía: Tiene algo dentro, una suerte de infelicidad”.
azarEstas últimas semanas Misombra camina a trompicones, malvive con la cabeza caliente. Tan caliente que a su lado todo huele a quemado, y su pelo toma día a día un color ceniza que no me gusta nada. Por más que lo intenta no consigue enfriarla, no hay manera. Cualquier simple palabreja, el más mínimo soplo incendian los rescoldos. Los circuitos neuronales prenden como la pólvora y esa loca cabecita se consume en llamas de fantasías, obsesiones, ilusiones, recuerdos. Esas noches Misombra sueña despierta encogida de miedos, el sudor le resbala a chorros por las mejillas y los ojos brincan huidizos. Tanto desvelo y tanta calentura no auguran un final feliz. Al despertar, su angelito de la guarda recuerda el frigorífico recién estrenado, la sienta en el taburete de la cocina, le acomoda con mimo la cabeza dentro del congelador. Entre el licor de guindas y el helado de frambuesa, echa una larga cabezadita. incentivosCaldera incentiva la jubilación a los setenta años con un sistema de porcentajes digno de la semana fantástica de El Corte Inglés. Ministro, por dios, si lo que deseamos en este país es un sistema de jubilaciones como los empleados públicos de RTVE: a los 55 y con el 100% del sueldo. nadie, nadie¡Jesús, qué desilusión! Qué poco éxito ha tenido la pregunta del martes. Estoy rodeada de navegantes bien intencionados. Nadie tiene un vecino, un pariente, un jefe, un ex... al que pasar por las garras de la motosierra. publicidadMe han bastado dos tragos de zumo de naranja de un lunes profesional para despachar toda mi correspondencia aplastada por el peso de los folletos publicitarios: dos cartas del banco que se empeña en ser mi banco, y me encoge el corazón con esos números tozudos que se descuelgan de mi cuenta corriente. otoñoEl granizo repiqueteaba en las aceras resecas. La lluvia y el viento con sacudidas de otoño han dejado las aceras cubiertas de las hojas verdes de los castaños de indias. Millares de hojas cuarteadas y estrujadas amortiguan los andares presurosos de los que caminan dispuestos a no llegar tarde. Ahora que las noches son frescas, muy frescas, el ruido de los pasos suena puntiagudo, amarillo limón como los gritos de las ratas acorraladas. En las calurosas noches de verano apenas puede escucharse, suena lejano y cansado, olvidado. Cualquier sonido lo oculta: el sstsstss ondulado de las cortinas de gasa roja revueltas por la brisa madrugadora, el rssrssr de la nevera mal cerrada, el trasclactras de la puerta del vecino que acaba de llegar. tormentaEsta tarde el cielo se ha vuelto gris, cuánto más gris, más abrasador. Me he sentado en el balcón a esperar, con el estómago encogido y la cabeza saturada de latidos quisquillosos. Un estornino de alas dulces se estrella contra el cristal de la ventana de enfrente; el primer trueno de la tormenta oculta el gemido del golpe; desnucado, se estampa sobre la acera. Los relámpagos tersan mi estómago, el olor a tierra mojada apaga el hervor neuronal. La lluvia lava los dedos de mis manos. El día se descuelga por el canalón de la fachada. veranoEra una mañana de nubes. Y era coqueta, el sol engatusaba con posturas y remilgos, con guiños de escondite. Un airón espigado de gestos charlatanes bajaba del oeste para después escurrir el bulto. Casi me engaña con palabrería de vieja y aires de princesa. números
La torre del homenaje de San Martín del Castañar tiene dos paredes; el cementerio flanqueado por cuatro murallas. Las mujeres visten de negro endomingado y el viento ulula en las esquinas. La muerte es una calleja sin salida. Y tus manos estrechan los besos ardientes. juevesEra una mañana rugosa y oscura que estrujaba el corazón entre las bocinas de los coches. Pasaron las horas, las arrugas se convirtieron en gotas de lluvia. A eso de las seis de la tarde, el corazón salió por los aires. Cuando llega la noche, el cielo llamea sobre el asfalto mojado. "El agua es para apagar el Infierno; el fuego, para incendiar el Paraíso". Jeremy Taylor (1613-1667) en El libro del Cielo y el Infierno. Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. gadgetsLa diseñadora australiana, Aheda Zanetti, ha ideado un bañador especialmente concebido para que las mujeres musulmanas puedan disfrutar de la playa y el mar sin temor al apedreo de sus señores, y lo ha llamado burkini. Tal trapito –como su nombre indica— es una mezcla del burka y bikini, un dos piezas que te tapa enterita, dejando solo al descubierto la cara, los pies y las manos; ni un pelo al viento, ni un lunar en lontananza. Claro, que también resulta ideal para alérgicas al depilado o al sol. El modelito está confeccionado en un tejido especial, que protege de los rayos UV y seca en un plis-plas, lo que debe ser muy de agradecer para sobrevivir a la irritante sensación de la lycra mojada pegada a la piel de todo el cuerpo durante horas. Rabieta casi tan picajosa como la que nos provoca perder el móvil en estos tiempos en que lo llevamos con nosotros, más que al amante, hasta en la ducha. Y así, claro, terminamos olvidándolo en cualquier esquina, quizás en un deseo inconsciente de librarnos de su tiranía —Ya lo decía el señor Julio Camba: “El teléfono es nuestro tirano. Es un tirano arbitrario, irritable y neurasténico que nos llama con su voz gangosa en los momentos más solemnes de nuestra vida”—. Los españoles tenemos predilección por dejarlos tirados en los taxis: ¡hala! a recorrer mundo, los italianos suelen perderlo en el trabajo y los ingleses en los partys –esos eventos sociales donde se bebe gin-tonic y no se come—, claro que los alemanes no lo pierden nunca: ya lo han incorporado a su fisiología como otro miembro más, imprevisible e inoportuno las más de las veces. ¿Os suena, queridos? lunesito mustioCon el lunes no me atrevo, simplemente lo dejo pasar, eso sí, lo espío escondida en el reposapiés mientras observo con regocijo mis botas nuevas de color chocolate y reflejos charol, con la punta redonda y alzas en el tacón; y escucho mis nuevas adquisiciones musicales: desde Let’s do it de Eartha Kitt, o Just a Gigolo de Louis Prima, a Somehin’ stupid de Nancy y Frank Sinatra, una recopilación muy completita de r&r de los cincuenta, y Le fil de Camille, una francesita de voz melosa y canciones torturadas que me pirra. viernesUna mañana igual a todas, en que las cosas tienen el aspecto de siempre, tal vez algo más fría en este invierno inusualmente cálido, y mientras enciendo mi ordenador, el rumor monótono de la oficina va haciéndose un hueco a mi lado, elige el mejor sitio a mi izquierda, lejos de la puerta de entrada, bien calentito. Y espera. A los once y media, ha crecido dos palmos pero apenas tiene grasa. Una hora más tarde, necesito calzador para entrar en mi cubículo: ha ganado cuatro quintales y unas pocas leguas, ¡qué barbaridad! A pesar de varias llamadas y algún desajuste presupuestario, que casi le cuestan unas arrobas, ha ganado la partida. A las tres en punto, me tira del asiento y salgo corriendo. (gracias a mi admirado Juan José Arreola) cuento de navidadCon las Navidades, una nunca sabe si acabará hundida en un letargo invernal al más puro estilo de melancólica campiña irlandesa; o afinando la zambomba, encajándose el vestidito vintage de lamé dorado y las sandalias de pedrería para terminar cuesta abajo en un cotillón espumoso, sumergida entre burbujas con aromas de colonias dulzonas y cargantes al alimón con sudores y resuellos de gentelmans de tres al cuarto que se pavonean esquivos con sus chaquetas de fibra acartonada y el pelo cortado a lo David Beckham. Claro que esta Navidad, con tanto Papa Noel rampante por las fachadas, balcones y azoteas del país, los presagios no eran de pandereta, y si no que se lo digan a la criatura que se cayó de un quinto piso al tratar de socorrer a su Papa Noel que jadeante y agotado asomaba por el borde de la ventana. No, los augurios vaticinaban una navidades en reclusión, de aislamiento por las alturas como El barón rampante: una encaramada en las desangeladas copas los árboles entre bombillitas blancas y rojas, hibernando bajo el relente invernal. Y así fue, parece que el cerebro recuperó los mecanismos ancestrales de los reptiles y una fue condenada a una salvaje hibernación navideña, a un total aletargamiento de los sentidos. No es una licencia literaria, no, queridos; cuenta el amigo Punset en El alma está en el cerebro –un regalo de la pequeña Tarquinia- que, ya en el siglo XVII, Thomas Willis sostuvo que “los seres humanos tenemos un cerebro “integrado”, es decir que hemos heredado el cerebro de los reptiles y que, al evolucionar como mamíferos, no descartamos el cerebro de los reptiles, sino que lo mantenemos perfectamente integrado en un cerebro mayor”. Y así, gracias al cachito de cerebro de ofidio, una ha sobrevivido una navidad más a la boa de espumillón y serpentinas, al Papa Noel rampante, a la dorada salvaje y a los cotillones de media etiqueta. “La locura es una fuerza de la naturaleza, para bien o para mal; mientras que la bobería es una debilidad de la naturaleza sin contrapartida.” desayunoEl trigo verde sueña aterido bajo una manta de escarcha. Los pajaritos prendidos en los cables eléctricos desayunan al sol. En Valencia, Alba estrena unas manos delgadas y torpes; levanta con tiento su taza de café y sonríe. No puede dejar de mirarlas: "Son preciosas". Es martes; cuarto menguante. pulsacionesAyer he tenido un sueño que no sé muy bien por dónde cogerlo. Sueño que estoy escribiendo en el ordenador. Pulso las teclas de Ctrl y el número 7, de inmediato aparece el símbolo € en la pantalla. ¡Qué raro!, pienso, el símbolo del euro, si para éste hay una tecla. ¿Por qué sale esto? Repito, marco Ctrl + 7, otra vez escribe la €. De nuevo, tecleo Ctrl, pero cambio de número, pruebo el 3. Nada, lo mismo, otra € más, y van tres. Una mezcla de sorpresa y curiosidad, me lleva a intentarlo con todos los números. Siempre igual, la dichosa € no deja de asomar a cada nuevo intento. Pues, nada, será que lo escribe de las dos maneras, concluyo tan ancha. Al levantarme, he comenzado a dudar. ¿Será que mi teclado no tiene la €? Tal vez se puede hacer de las dos maneras. Sin dudarlo, antes del desayuno, he revisado el teclado; efectivamente, en la esquina inferior derecha de la tecla E descubro a €, algo más pequeña, eso sí, pero es ella. ¿Por qué, en el sueño, no atino a buscarla en el teclado? Encendí el ordenador para comprobar si funcionaba —no vaya a ser—. Presioné despacito la tecla E + AltGr, al instante mi € apareció en pantalla. Lo he intentado con Ctrl y todos los números, pero nada, el cursor sin moverse, ni rastro de €. Mi sueño no funciona. les poissons rougesOtro día más los riscos escarpados de la montaña de Adeje se recortan sobre un cielo azul de verano sureño. En la costa una llanura azul agita sus olas sobre playas de arena gris. Bajo este sol radiante tu ausencia suena machacona como un grifo que gotea. En la calle nadie sigue mis pasos. Las lunas de los escaparates no reflejan sombras fugaces. En este mar no hay algas, ni peces rojos, todo es transparente sin una sombra bajo el agua. Nadie ocupa el otro lado de la toalla. Nadie deja huellas en la arena, huellas menudas y sigilosas tras mis pasos. Con este sol…, ajena a mis pesares misombra duerme en un armario entre sábanas y abrigos, a miles de kilómetros. ¡Cómo pude olvidarla! Vuelvo a encontrarme con Marina Tsvietaieva en el libro de Pitol que estoy leyendo: El viaje. “Soy una sombra de la sombra de alguien”. Marina Tsvietaieva amaneceSon las 6,38 y el ring-ring-ring del teléfono móvil consigue despertarme de un sueño “a media luz los besos, a media luz los dos..., y todo a media luz, crepúsculo interior”. Suena y suena, y el ring se estampa contra las listas del pijama, casi, casi me zumba en los higadillos antes de pararse. El contestador habrá saltado. ¿Quién será? Sin pestañear y sin curiosidad revuelvo entre las almohadas en busca del sueño a media luz. Ring-ring... otra vez el móvil¿? ¿Habrá pasado algo? Descuelgo y un chorro de ruidos y voces me despierta como de lunes. La mujer desesperada tiene prefijo 78, el sunday morning es frío y soleado, y mi línea adsl vuelve a funcionar. oranges de la chinaGracias a Wanadoo, en adelante Orange, he vuelto a la era del tam-tam, tengo el adsl muerto y sin visos de que renazca de sus cenizas después de una semana –y lo que te rondaré morena- y a pesar de mis peleas diarias con el call center —que me están costando una fortuna desde el móvil—. El primer día hacía sol, todo era optimismo, avisé de la avería y “la incidencia quedó registrada”, y yo a la espera de su llamada sanadora. El tercero, ante el silencio del servicio técnico de Orange, empezaron las palabritas pero colgué radiante por mi capacidad de seducción a distancia y satisfecha con mi nuevo nombre de usuario y contraseña para la nueva tarifa plana 24 horas que me habilitaban en tanto resolvían la “incidencia”. El cuarto, quinto y sexto se llenaron de mis quejas, reclamaciones, gruñidos y exabruptos ante la imposibilidad machacona de acceder a la supuesta tarifa plana, mientras los teleoperadores repiten la misma cantinela "le paso el aviso al servicio técnico para que lo solucionen, no se preocupe, la llamarán". Sigo esperando. En una de estas esperas me he ido al cine: “LLamando a las puertas del cielo”. La última película del señor Wenders en la que me queda claro que su auténtica media naranja es el señor Shepard –con el ya había colaborado en París-Texas—. Juntos nos cuentan una maravillosa historia que en la que hablan del AMOR en los desiertos de Nevada, en pequeñas ciudades cutres y aburridas, pero con unos casinos dignos de Las Vegas, con toques de road movie y de cuadro de Hopper. A ambos le seducen las solitarias y desérticas carreteras americanas, las pequeñas ciudades de la América profunda con moteles destartalados, borrachos filósofos y camareras de caderas impresionantes. Lo confieso soy una fan de Sam Shepard que, además, está tan guapo con sus dientes torcidos! “... sólo para observar a Faye balancear sus increíbles caderas al cruzar las puertas de la cocina, cargando con bandejas de pavo humeante y bocadillos calientes de beicon, tomate y lechuga, y siempre con una sonrisa dedicada a las multitudes que rompía corazones: los gordos, los feos, los maleducados, los borrachos, los locos, no hacía ninguna distinción, todos recibían el mismo rayo radiante de bondad de sus ojos.” Pero mañana ataco de nuevo... Se admiten apuestas, ¿recuperaré mi adsl esta semana o la tarifa plana esa que dicen me han habilitado o lo que sea? Mientras tanto al bosque a por leña, las señales de humo se disipan. vacacionesYa estoy de vacaciones. ¡Al fin!..., después de un julio agotador. Bajo la sombra del castaño, con el trasero anclado a mi tumbona favorita, intento desconectar del trabajo libro en ristre y aprovecho para hacerme con un arsenal de armas de destrucción masiva con las que afrontar el regreso al tajo —una amenaza a la vuelta de la esquina—. Lo mejor del libro de Corinne Maier, Buenos días, pereza. Estrategias para sobrevivir en el trabajo, es que nos ayuda a librarnos de esa maldita moral cristiana de “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, y ¡hale! a currar, a subir los índices de productividad que los tenemos por los suelos. Tras una carrera de ejecutiva en grandes empresas, la señorita Maier se ha convertido en una descreída y provocadora que nos recomienda el individualismo y la ineficacia, la falta de escrúpulos con la empresa, mientras esperamos que todo este sistema se hunda. “El asalariado es la figura moderna de la esclavitud. Recuerda que la empresa no es el lugar donde desarrollar tu potencial, porque ya lo habrías hecho. Trabajas por lo que cobras a fin de mes, “y punto”... No vale la pena querer cambiar el sistema, oponerse a él es reforzarlo; criticarlo es darle mayor solidez. Evidentemente, puedes permitirte alguna broma anarquista, por ejemplo, instituir el día de: “Llamaré a la oficina para decirles que estoy enfermo”... ...trabaja lo menos posible y dedica algún tiempo (pero no demasiado) a venderte y a crear una red de contactos, con el fin de tener apoyos y ser intocable (e intocado) en caso de reestructuración de la empresa. No te juzgarán por la forma en que hagas tu trabajo sino por tu capacidad para adaptarte sin protestar al modelo promocionado. Cuanto más uses la jerga empresarial, más pronto creerán que estás en el ajo. Nunca, bajo ningún concepto, aceptes un cargo de responsabilidad. Te verías obligado a trabajar más, sin más contrapartida que un plus de algunos miles de euros (es decir, calderilla), y eso con suerte. ... elige los puestos más inútiles: asesoría, consultoría técnica, investigación, estudio. Cierro las tapas del librito, respiro hondo y repito mentalmente tres o cuatro veces los consejos de las señorita Maier. ¡Listo!, ya puedo descansar. A por el siguiente... Miro al cielo y las hojas del castaño me saludan vivarachas, un par de flores alargadas y feuchas caen sobre la hamaca de listas azules y blancas. ¿Cuál toca ahora? Los Caballitos de Tarquinia de la señorita Duras. ¡ A por ellos!... ...Es domingo. El egipcio ha echado la tranca al bar de la esquina: “vacaciones del 2 de julio al 31 de agosto”; ya no puedo tomar mi aperitivo con pan árabe. El sol gratina los geranios raquíticos. La penumbra tuesta mi cuerpo a golpes de calor. Y yo..., con abanico y sin pantalla total. la decisión"Kain, Wenn & Aber" Compañía Nico and the Navigators CAEM, 20:30 h. “La primera decisión es para mí mismo, con valentía, a solas...” “Quién decide quién debe decidir” “Tengo más escote que tú” “Rien ne va plus” ”... todo va bien” Lo único bueno: La canción de Lisa Germano & OP8: Slush alto el fuegoLa madrugada escurre las horas cuesta abajo, y en las trincheras nubes de polvo rojizo me impiden ver la pantalla. Un fuerte olor a roña galvanizada calienta el cansancio tras horas de combate con los ganchos. Su dureza puede conmigo... Agotados los esfuerzos. Son las cuatro, el camión de la basura pasó hace rato y el vecino acaba de apagar el ordenador. No hay rastro de luz tras las ventanas. Los garfios recién estrenados desafían la luna opaca que no aúlla ni queriendo. No hay manera, ni las horas de sueño entre almohadones de plumas doblegaron los garfios. El riego con aceite de almendras no ha surtido efecto; me temo que los ganchos no tienen poros. Una pena..., mi gozo en un pozo. Esto se complica cada vez más. Son malísimos: ahora el orín se ha incrustado en el mecanismo de las teclas, y cada vez resulta más difícil conseguir que funcionen. Tres, cinco, nueve..., veces tengo que atizarle para lograr que la s despierte, apenas existe, ¡qué pesada! Bueno, ya le empiezo a ver algo, aunque tal vez es efecto de sábado soleado. Pues sí, tiene sus ventajas: rasca estupendamente la espalda con sus puntas afiladas, y de un solo impulso lo clavo en la tierra y ya tengo hueco para plantar un pensamiento. Lo peor es este rechinar y esta parsimonia a todas horas, al polvo ya me he acostumbrado. Como es domingo, duermo la siesta al sol lejos de los mequetrefes que verdean a las orillas del Tormes. Al despertarme los garfios han desaparecido. Y otra vez las manos con cinco dedos, unos más largos que otros, pueden frotarme los ojos. Más delgadas que antes, un poco más largas tal vez —como siempre las quise—, impecables. Dos metros más allá, el hombre pelado esconde con pavor sus manos en los bolsillos del chaquetón a cuadros. Y se ha pasado el puente con éxodo incluido. la batallaMi Finito me dice, unas líneas más abajo, que aún sin manos seguiré escribiendo. Y sí, así parece. Después de todo tenía razón, aunque, tecleo con dificultad, a trompicones. No consigo habituarme. Bueno..., después de todo es poco tiempo el que llevo. Necesito acostumbrarme. Ya sé que las cosas no se logran a la primera. Y yo precisamente, debería saberlo, todo me cuesta mucho trabajo, más de un intento y de dos... Una vez más, me armaré de paciencia, y poco a poco todo será más llevadero. Sin duda, con la práctica adquiriré más agilidad y rapidez. Primero, aprenderé a manejarla bien, con soltura. Y, además, después de todo llevo unas horas tan solo, y eso es muy poco tiempo. Cuando desperté esta mañana, luego de un sueño agitado, me encontré en la cama con las manos vacías, mejor dicho, y para no faltar a la verdad, sin manos pero con unas prótesis de acero galvanizado, negras como el sueño. Las articulaciones padecen una artrosis ligera producto del oxido acumulado entre las ranuras, pero responde a los impulsos cerebrales y, aunque a deshora, consigo que le haga caso a mi cuerpo serrano. El repiqueteo metálico de los ganchos —algo maltrechos por la dureza de la batalla contra las teclas— avanza en formación de dos en fondo hasta las trincheras de las palabras que una tras otra van cayendo en la pantalla. viernesito querido:Soy una mancha de aceite que trata de escalar las patas de la silla de la cocina para engullir de un trago el primer café de la mañana. Consigo sobrevivir maltrecha, arrastrándome correosa por entre las pulsiones del teclado y las palabras apelmazadas y contundentes de las resoluciones. Los ojos no soportan el peso de las pupilas encendidas por esta noche desvelada a golpe de sudores y olores de roces entre nuestras volátiles pieles. Los párpados cargan con los estertores ahogados del placer caprichoso. El cansancio vela las imágenes del recuerdo del encuentro con tal fuerza arrolladora que resulta imposible encender la memoria entre la niebla de la confusión insomne. El cansancio aviva las pulsiones de un letargo de murmullos y manos que encuentran la memoria entre los poros de piel desalada de otro hombre sin futuro. Y la mano es la que recuerda otras manos, otras voces, otros pellejos y otros abrazos, y la mano viene de lejos, de muy lejos, cargada con un hatillo de sienes perfumadas y sabores entre las costillas. lances"Con la ayuda del whisky, dormía hasta bien entrada la tarde y luego yacía en la cama, con una botella y un vaso a mano, hasta la hora de vestirse para salir a cenar. La desconfianza que empezaba a sentir hacia el alcohol la desconcertaba un poco, como si fuera un viejo amigo que le hubiera negado un pequeño favor. El whisky aún podía consolarla, pero había momentos súbitos e inexplicables en los que la nube la abandonaba traicioneramente, y la sobrecogía el dolor, la estupefacción y el malestar que experimentan los seres vivos. Jugaba voluptuosamente con la idea de una retirada serena y somnolienta. Nunca le habían turbado las creencias religiosas y no le intimidaba la expectativa de una vida más allá de la muerte. Soñaba despierta en ese futuro en el que no tendría que ponerse unos zapatos que le apretaban, ni reírse, escuchar y admirar, ni ser nunca más una mujer alegre y despreocupada. Nunca más." Levanto la cabeza del libro de Dorothy Parker y mis ojos embisten envalentonados las paredes amarillo emperador –sí, amarillo emperador a decir del austriaco olvidado- del café Novelty, en tanto que mis piernas se arquean en un lance de verónica, y chasqueo los dedos con fuerza y un aire de volapié en la suerte de matar antes de que mi voz de pitos y bronca le despache al barman: —¡Felipe, otro whisky con hielo! océanoDesde mi ventana atlántica olfateo un mar cuajado de sal y algas marrones y verdes. Dentelladas de espuma rizada quebradas por nubes deshiladas a fuerza de noches sorprenden la mirada perdida en el mar adentro. El aire mojado de salitre desparrama entre las voces de la casa un aroma amargo de lágrimas y océano. Tierra adentro, decenas de kilómetros al norte, el granito lavado cubierto de musgo sedoso destila el veneno melancólico de la memoria. Bajo los soportales de la rúa del Villar, los pasos saltarines de "el rubio" y mis andares de rumba lanzan destellos rizados de un mar azul que rebotan contra las losas de piedra camino del océano. Las voces de los viejos amigos crepitan ante un café en la mesa de El Casino y chorros de recuerdos corren entre los gastados sofás de cretona y se refugian entre los recovecos del artesonado del techo. El océano es un estado de ánimo que se infiltra. Ch. Baudelaire. día de navidad-Toma, esta carpeta me la ha dado tu padre -dice mi hermana con voz pedir un café-, me parece que es tuya. Lo que no reconozco, y me resulta totalmente extraño es el cuadernillo mecanografiado, con apenas cinco hojas de papel cebolla, y el siguiente título en la portada: "PALABRAS DE POETA" Y un pequeño recorte en su interior que dice: "Estos poemas son intercambiables por: No recuerdo a su autor. No tienen fecha -imagino que serán de esa misma época-, ni anotación alguna. No consigo recordar cómo esas cinco hojas llegaron a mis manos. Tal vez unas palabras, un beso o quién sabe qué..., me las dejaron entre los dedos. otros díasLos otros días: 7 de diciembre7 de diciembre de 1999 7 de diciembre de 2005 los días![]() Las horas liquidan su registro entre liquidez inmediata, usuarios, registro, prudencia contable, provisión de fondos, gestión continuada, servicios, memoria, anualidad, imagen fiel, ajustes, ejercicio, herramienta, periodificación, valor residual, operaciones, diferidos, reclasificación temporal, desviaciones, inmovilizado, demérito, corto plazo, valores, insolvencias, devengo, plan, precio de adquisición, financiación afectada, operativa, provisiones, valor venal, imputación de la transacción, solvencia, endeudamiento, saldos, anticipos, indicadores, caja, esfuerzo inversor, gasto diferido, provisiones, regularización y cierre. la décadenceDecadencia, resistencia, decadencia, lluvia, alegría, verano, abrazo, piel, calor, hielo, más calor, sudar, infierno, oculto, personalidad, amiga, hablar, escuchar, sentir, oler, hierba, espalda, dedo, estremece, soplido, aúlla, luna, infiel, amar, bebe, futuro, sellado, abierto, mano, cuerpo, enroscado, montes, senderos, inicio, principio, desayuno, soñar, sonrisa, pequeña, caricia, sincera, cara, rostro, alma, cadena, atrapa, red, trapecio, tigre, espanto, belleza, ingenua, margarita, deshojada, agua, corre, océano, evapora, empapa, lluvia, calor, dios, nube, deshace, construir, nuevo, incierto, decadencia. "La luz diurna más deslumbrante, la racionalidad a cualquier precio, la vida lúcida, fría, previsora, consciente, sin instinto, en oposición a los instintos, todo esto era sólo una enfermedad distinta ―y en modo alguno un camino de regreso a la vida, a la salud, a la felicidad. Tener que combatir los instintos— ésa es la formula de la décadence mientras la vida asciende, la felicidad es igual a instinto." Friedrich Nietzsche. El ocaso de los ídolos. noviembreUna de mis debilidades —vino y chocolate, aparte— son las chicas rebeldes. Mujeres inconformistas, artistas-intelectuales de vida agitada, que se adelantaron a su época, fueron más allá de las convenciones del momento. Y de entre ellas una de mis favoritas es Lou Andreas-Salomé. Así que cuando en la biblioteca de Las Conchas, por una de estas casualidades del destino, me asaltó desde un estante su autobiografía, Mirada retrospectiva. Compendio de algunos recuerdos de vida, la pillé cual ávida morfinómana. Pero en estos momentos ya cargo con la desilusión. Su escritura es lenta, densa, sin agilidad ni fluir, repleta de vericuetos y sombras. Largas frases que se retuercen, de las una necesita un candil para comprenderlas a la segunda —ya se sabe, las torpes—. La he terminado a vista de pájaro, visualizando con la mirada sombras de palabras y perfiles conceptuales. No me ha gustado. A rescatar: La definición que el señor Freud le dio a su amiga del psicoanálisis, mas propia del señor Allen —Woody— que del ilustre creador de tal disciplina. Ella lo cuenta así: "En momentos en que él mismo experimentaba repugnancia, me expresó su asombro de que a pesar de todo yo siguiese tan profundamente fiel a su psicoanálisis: “porque yo no enseño otra cosa que a lavar la ropa sucia de la gente”." La poesía que su gran amigo Rilke le escribió: Extíngueme los ojos: puedo verteTápame los oídos: puedo oírte Y aun sin pie puedo ir hasta tiY aun sin boca puedo conjurarte. Arráncame los brazos: te tocoCon el corazón como con una mano Arráncame el corazón: latirá el cerebro Y si al cerebro prendes también fuegoHe de llevarte entonces en mi sangre. La poesía de Heinrich von Kleist citada en los comentarios, de asombroso parecido a la anterior. Quítamelos ojos, lo oiré; los oídos, lo sentiré; quítame también el tacto, lo seguiré respirando;quítame ojos, oídos, tacto y también olfato, Arráncame todos los sentidos y concédeme el corazón:me habrás dejado entonces la campana que necesito y en un mundo entero llegaré a encontrarlo.Muy propias para este día de difuntos gris y tristón, con flores blancas y claveles rojos sobre tumbas recién fregadas, y churreros a la puerta del Cementerio. yumehi’s themeEstos últimos tiempos una canción me obsesiona —es mi vicio—. Primero conseguí el Cd, y sus notas comenzaron a espolvorearse por toda la casa, vagaban a trompicones entre los cantos de los libros, se descolgaban por la red del atrapasueños o merodeaban entre las bolas chinas. Estas raciones no fueron suficientes. Ahora tengo la solución perfecta: me voy a su página web y allí puedo escucharla una y otra vez. Mi canción suena sin interrupciones, sin oquedades, sin fin, ad infinitum. Aunque, según leo en YO Dona, la señora Ainhoa Arteta declara: ”La melancolía es una perdida de tiempo”. rentréeLa semana de la rentreé arrastra un bochinche fuera de lo normal. Los estudiantes ya han llegado a Charri City. El bullicio del comienzo del curso y este veranillo de San Miguel estiran este “fin de l’été”. Sin embargo, el trabajo se clava a las lumbares sin remedio. Hoy, particularmente, lo siento atornillado en acero. Misombra sigue instalada en su mutismo. Es tal su enfado desde que la dejamos sin ir a Tenerife que ahí sigue arrinconada entre los cactus forrada de pinchos sin atender a razones. —Pero niña, si sólo fuimos a la playa! A ti no te gusta. Te quema. Con lo mal te sienta el sol. Te pones más negra que un conguito, y luego dices que no quieres estar tan morena en invierno. Nada, no hay manera. Silencio. Nos mira desde lejos con un odio que da miedo. ¡Qué, invierno me espera! A mí, claro. Lapetarda en su habitual ir a lo suyo ni se entera. Si ni tiempo tiene. Horas y horas enganchada al meetic, que si el anuncio, la foto, el perfil: “¿Aquí, qué digo?”, “¿Me pongo o me quito años?”, “Y éste que me cuenta...”. Aviso a navegantes cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Eso sí, todo son ventajas: “no machaco el hígado en los bares, me bajan las transaminasas, conozco gente y practico idiomas” ¿? Y menos mal que ha subido la bolsa, aunque no me fío ni un pelo, el brent sigue por las nubes. Tengo la impresión de que todo esta “cogido por alfileres”, incluida la cumbrísima que nos espera. -—¡Huy!, las 8, ¡qué horas!. Ya llego tarde a la fiesta de la mujer alboroto. Adiós... síndrome de sol y sueños Los primeros días no han resultado fáciles, el síndrome me tomó por los pelos, sacudió con fuerza la atolondrada cabeza y me dejó tirada sobre gotas de grasa maloliente, envuelta entre garras de humedad norteña. La enamorada lo ha tenido más fácil. Sí, a la sombra, retenida, secuestrada en la cueva, pero tan sólo ha tenido que mudar las endorfinas del sol por las de los polvos salvajes. ¿Ya se sabe la fuerza del amor! Alejarse del sol, y por encima con paradita en el reino de la lluvia y los delfos, ha sido duro, muy duro: la niebla, el aire casi líquido, la lluvia como el tableteo de las ametralladoras. Con tanto cenagal a la espalda, el síndrome prendió entre mis costillas y un dolor de acero estrechaba el corazón. La abstinencia ha dejado un regusto a vacío envasado y un crepitar de articulaciones que siempre conducen a un rebullir cerebral gran creador de sueños imposibles. Mi sombra, con la más estricta lógica de la sinrazón, provoca un volcado desde el más allá inconsciente, y desata un huracán de imágenes sin perfil, cuentos vergonzantes, recuerdos imposibles, deseos infelices, remordimientos hambrientos y pasiones sobrecogedoras. Mientras el señor Passy sueña con la guerra en excavadora, el barco y el gorro que le falta; las chicas en provincias, a vueltas con esta obsesión del “el tajo again” -así de rudas nos hemos vuelto-. Más sueños de negro en noches livianas, que tan sólo dejan un vaho helado en las pestañas y costuras en las legañas. En un minuto todo un recuerdo fulgurante y más allá el olvido, únicamente palabras, un personaje, una sensación, un desasosiego que vaga todo el resto del día entre visillos. Dice Passy que los libros de Jung “son atrapadores de sueños, son redes en las que las imágenes quedan retenidas y salen de mañana: tiras un poco y, como los pañuelos de los prestidigitadores, van una detrás de otra anudadas por las puntas”. Me temo que me convendría leer al amigo Jung, tal vez entre el amigo Carl y mi auténtico atrapador de sueños --regalo de la enamorada-- consiga tirar un poco todas las mañanas, y grabar en mi memoria esos sueños-olvido. Aunque sin tirar demasiado no sea que se vaya la manta por el repulgo. (Gracias a mi amigo Pedro por su foto del glaciar Grey). |