Emma B.El diario de una chica de provincias
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema ellas. lluvia y miss piernasTres o cuatro cabezaditas más tarde, a las once, me levanto. El balcón se ha inundado y sigue lloviendo. Ha refrescado y el viento trastea la ventana. No hay tormenta ni perfumes en el aire. Miss piernas, la vecina del edificio de enfrente, sube la persiana en culotte y camiseta y abre la ventana. Unas manos ávidas la envuelven por la cintura y arrastran al interior. Creo que hoy desayunaré zumo y jamón. lazarillo
Mis mujeres caminaban a tientas en el vagón de miradas abstraídas, sin un mar en las ventanas. presagiosMi amiga, la Pitonisa, está muy preocupada desde el terremoto de Abruzos. “Otra señal. Y tan cerca la luna llena de primavera, algo va a pasar. Otro aviso. Nos vamos acercando al 2012“, decía sobresaltada. Pasó el jueves sin pena ni gloria. Hemos padecido el tradicional frío de pasión y unos regueros de “chuvia a enchentes“. Esto no es una señal de las estrellas ni del cambio climático, chata, más bien cumplir con la tradición. Cada año que pasa la Pito temblequea más pensando que nos acercamos a la fecha fatídica en que termina el calendario maya (diciembre de 2012). “Coincide con un momento astronómico en que nuestro sistema solar pasará “cerca de un agujero negro lo que ocasionará graves alteraciones en nuestro planeta: terremotos, etc.” me explica con profusión exaltada. A su cóctel milenarista la Pito le añade de un tiempo a esta parte gotas generosas de crisis económica. Otro ingrediente convulsivo que la mantiene llena de incertidumbre y peores augurios, aparte de no perderse las páginas de economía. “Niña“, me dice poniendo cara de visionaria experimentada, “la Salgado no solo necesita chubasquero, necesita la bola de cristal de Alaska, y que pasen tres añitos y medio. Ya verás, volveremos al campo como los chinos”. No puedo evitarlo observo mis macetas macilentas, la miro a ella con seriedad estupefacta y remato con esperanza: bueno, parece que el perejil se me va criando… la rubia del viernes 13Es viernes 13. Una mañana de cielo azuleño y aire primaveral. Es la hora del vermouth, me acomodo en la terraza del Don Mauro con la nariz al sol, los ojos bajo las gafas, y en las manos El Adelanto, suspirando por el último titular de MiLanzarote, y suspirando por un cigarro al vuelo. A los diez minutos, sin tiempo para saborear el primer sorbo del Peruchi —recomendación de mi amiga OjosdeGata, una auténtica adicta que contagia—, una morena y una rubia asoman por sotavento. La rubia, muy rubia, ojos azules borrosos entre las capas de rimel, con rayas negras y sombra gris cargada en los párpados como las modelos de mirada siniestra y perturbada de Vivienne Westwood. Sobre unos osados taconazos y con pantalones acampanados bordados desde medio muslo a lo mantón de manila, la rubia arrastra tres!! canes: dos perritos y un chucho color canela. Con horror sospecho que los pasitos de la rubia se encaminan hacia..., aquí. Los perritos tiran hacia la izquierda, el chucho al frente, ella trata de encarrilarlos, cierra el puño con fuerza, levanta la mano izquierda, titubea, agarra las correas también con la izquierda. Las dos manos al timón de aquella reata canina. Bebo mi primer sorbo de Peruchi temiendo lo peor. “Este néctar divino me traquilizará”. Zas!, garganta abajo. Su dulce amargo vela mi resquemor. El rasputín enano con fundita de tartán se acerca a mi pie derecho. Horror! Un trago de Peruchi desperdiciado. Un mañana tan primaveral, tan de luzdivina. Iba a ser la mañana de la flor del cerezo, en el lado soleado de la plaza, los transeúntes que van y vienen, pequeños sorbos de Peruchi... ¡Dolce far niente! Ahora, el chou-chou olfatea mis zapatos, me tienta, ni lo miro. Ya está, no hay vuelta atrás. La rubia se sienta en la mesa de al lado, ¡a mi vera! Apenas nos separan treinta centímetros. Me mira, ni sonríe. Vuelve a mirar. Ata en corto a los perros. El chucho canela me observa de lejos con hocico altivo. Necesito otro trago. “Calma, nena, no ha pasado nada. Esta pandilla no te va a chafar el Peruchi.” Respiro lento, miro al cielo, templo la mano, es la una y media en el reloj de la plaza, alzo la copa, brindo al sol y paladeo con delicadeza mi auténtico primer trago de Peruchi. otra de ellasLa fiscalía "de momento" no ve indicios para remitir la causa de corrupción al Supremo. Cerré El País. Pagué. Salí del café. En la plaza de Los Bandos, hacía frío. Eran casi las diez de la noche. El día terminaba y acababa de enterarme del notición de la jornada. “Si la fiscalía fuese chica, otra más para el clan de momento.” Pensé. “Ella todavía no lo sabe pero su destino está marcado.” Las chicas del de momento somos expertas en bandazos masculinos, unos vienen y otros van –que dice ¿la canción?, la poesía?, no sé..., ya no me acuerdo-. Cada vez que un nuevo amor llama a nuestros sentidos, nos preguntamos unas a otras, a pesar de nuestros diferentes enclaves planetarios: ¿cómo se llama?, qué hace?, es guapo? y la pregunta del millón, la clave de toda esta trama: ¿y cómo te va? La respuesta siempre la misma: “Bien, de momento, bien”. Claro que más pronto o más tarde todo se complica, su señora lo ata en corto y los hijos pesan, no acaban de romper con la ’mamma’, no aguantan un quítame allá esas pajas, necesitan seguir seduciendo..., todo se balancea y termina rompiendo. Un tiempo impreciso -eso sí- más tarde volvemos a los maravillosos momentos del comienzo, a la ilusión y las preguntas. Por supuesto vuelve el de momento. Da igual que ellos sean madrileños, alemanes, franceses, brasileños, gallegos, charros, argentinos, extremeños o suecos. Este lunes, el asteroide 2009 DD45, de un tamaño estimado entre los 21 y los 47 metros, ha pasado ‘rozando’ el planeta. Su impacto desprendería una energía similar a 1000 bombas atómicas como la de Hiroshima. Este asteroide volverá a pasar cerca de la tierra, pero no se sabe cuándo. Siempre, de momento? una de san valentínNo hay nada como darse una vueltecita por Galicia estos días de campaña electoral. Te encontrarás seguro con esos enormes cartelones publicitarios en los que el guapiño de Feijoo te traspasa el achacoso corazoncito con sonrisa cautivadora, ojines de terciopelo y labios de Clark Gable —nada que ver con el sosaina de Herrera. Todavía tengo pesadillas con aquellas vallas publicitarias que daban más susto que el lobo a Caperucita—. Nuestro Feijoo es todo un gentleman con sus trajes de corte anglófilo, el consabido paraguas, imprescindible con las que están cayendo, sólo le falta el bombín a lo Mr. Steed de la serie Los Vengadore. Le sentaría divinamente, seguro, hasta soy capaz de jugarme las ruinosas acciones del Santander. No me extraña que le lluevan admiradoras a lo largo y ancho de todas las galias; incluso verdaderas enamoradas que no tienen pudor en contar los entresijos de su amor en un blog. Ilovefeijoo.blogspot.com es el rincón de una lucense, estudiante de Veterinaria -o eso dice ella, vete tú a saber—, locamente enamorada de Sir Feijoo. El suyo es un amor platónico “que me anima, que me fai prestarlle atención, que me mobiliza...”. Nuestra namorada lo tiene claro “El quiere mi voto y yo le quiero a él”, aunque lo suyo no es comunión ideológica a lo Soraya, ni arribismo, “a mí esto de la política no me gusta mucho, lo que me gusta es él, su mirada, sus ojos, lo que dice, cómo lo dice...”. Ella bien podría hacer suya aquel verso de Miguel Ángel: “¿quién me defenderá de tu belleza?" tres mujeres y un planEra una fría madrugada de invierno de mantita y televisión. El señor Sánchez Dragó, en su programa “Las noches blancas”, entrevistaba a Carmen Posadas, una señora con apariencia de señorita pulcra y modales de internado suizo, a propósito de su último libro, La cinta roja, una biografía novelada de Teresa Cabarrús, noble de belleza deslumbrante que ayudó a Napoleón al comienzo de su carrera, en momentos de miseria y escasez; incluso le regaló una casaca, hecho que éste olvidó y no perdonó, según repitió varias veces a lo largo de la entrevista. La siguiente entrevistada era Reyes Monforte, autora del libro, Amor cruel, que cuenta el caso real la abogada valenciana, Mª José Carrascosa, encarcelada en USA acusada de raptar a su propia hija. Y para finalizar, la señora Isabel San Sebastián presentó Astur, una novela histórica ambientada en el reino de Asturias, en el siglo VIII, con la que pretende recuperar y defender la España visigótica y cristiana. Las señoritas Posadas y San Sebastián se han decantado por la novela histórica, muy de moda en los últimos años, cada una en su estilo. La primera, como muy bien imaginan queridos, en una onda más glamurosa, más de savoir faire, y totalmente afrancesada. La segunda en un tono de “sagas irlandesas” o “leyendas germánicas” –en palabras de la autora-, más épico, vaya; reivindicando, of course, la España visigoda como germen de la España actual, y cristiana. Merece destacar el semblante complaciente, la mirada fisgona y coqueta por encima de los lentes, a mitad de nariz, de nuestro ínclito Fernando. Todo un despliegue de las mejores sonrisas, toqueteos de buenas palabras y demostraciones de inmejorables maneras convirtieron la madrugada en un peloteo empalagoso muy de tarde de domingo. Muy complaciente el señor Sánchez Dragó con las chicas. al abrigo de la escarcha
El chirrido de los frenos y la voz cantarina del conductor la tranquilizaron. Amanecía pero el cielo no clareaba. Los copos prendidos en los limpiaparabrisas no dejaban de moverse con precisión de metrónomo: un, dos, un, dos... El semáforo de la Puerta del Ángel estaba en rojo. Un, dos, rojo, tres, cuatro, rojo, cinco, seis..., rojo, trece. El semáforo se abrió. “Y..., ya saben señores oyentes: hoy, martes 13, como dice el refrán: no te cases, ni te embarques.” Recordaba en la radio un tertuliano de voz clarividente. Sara echó una última ojeada a la alianza, la arrinconó en el fondo del bolso y pulsó el timbre de parada. contra los maltratadores22 de febrero 29 de febrero 10 de marzo 14 de marzo La mujer
la duda del mes![]() No sé si hacerme un tratamiento de fertilidad, como la señorita Beloki, y que me den la baja laboral unos mesecitos. sans adieu 1, 2, 3Pero..., este majadero no va a dejar de largar? ¡Qué voy a saber yo de válvulas, so pelma! Que se lo cuente al jefe. Sí, ya tengo la tarjeta, pesado. —Sí, Paquita, tengo unos precios increíbles. Mejores precios que la competencia, dónde vamos a parar. Este año arrasamos. Qué mujer, por dios, con ese jersey ajustadito y ese par de melones. Y que no se dé la vuelta, porque como me enseñe el trasero y la raja de la falda... Si ya no sé lo que le digo. Y cómo huele, qué finura. Cada vez que vengo un perfume diferente. Esta no gana para perfumes. ¡Qué olor!, si parece que le nace del canalillo. —Y los catálogos? Que me dice.... como puede ver impecables. El mejor papel, y todo muy detallado, todos materiales, las diferentes medidas, todos los precios. ¿Esta mujer que hace con la tarjeta? La acaba de doblar por una esquina. ¡Anda!, y ahora la arruga. Será boba, si aún le voy a tener que dejar otra. ¿Y éste qué mira?. Como no deje de mirarme se lo pregunto: ¿Y tú qué miras, listo? Y se queda tieso, porque estos viajantes mucho rajar y luego na. Dale con la tarjeta, pero esta mujer está histérica, la ha tomado con la tarjeta. ¿A que la deja pa la rastre? Ya verás. ¡Ay, ahora!, ahora se ha apoyado en el mostrador. ¡Qué mareo, jesús! Si ya no puedo respirar. Pero qué tufo! Esto ya no es perfume, es una peste, esto aplatana —Atchiiiiis, atchisss, atchis... Lo que faltaba. Ahora, el pringado éste no para de toser y rajar al mismo tiempo. —Lo siento, Paquita, pero tengo que dejarla. ¡Atchisss! Aún me quedan varias visitas por hacer. Uy, qué catarro éste. Le dejo una tarjeta y los catálogos para su jefe. ¡Aattchiss! Y hale a seguir así... “Muy caro” le ha dicho el otro jetas a ésta incauta. De dónde habrá sacado esa peste de perfume. De París... Ya me gustaría verlo. sans adieu 1, 2, 3—Señora Fitzgerald, el señor acaba de llamar. Dice que volverá un poco más tarde. Los asuntos en la Bolsa se han complicado. Llegará con el tiempo justo para cambiarse e ir a la opera. “Los problemas en Wall Street no han hecho más que empezar. Hay que buscar la manera de resguardarse, o la crisis puede tocarnos de lleno. Aunque, por el momento, cariño, no tenemos por qué preocuparnos”, dijo Frank anoche. Malos tiempos, todo el mundo lo dice. ¡Oh, dios! Son las seis y media. Tomaré un sándwich y me vestiré antes de que Frank llegue.” Alina abrió el nuevo perfume recién comprado en Macy’s. “Recién llegado de París. La última fragancia de Worth, Sans Adieu. Puede probarla. Creo que le gustará. Es diferente, exquisita y suave”, le había recomendado la dependienta de la sección de perfumería. Pero no fue el aroma a melocotón y limón, lo que la convenció; fue el envase lo que la cautivó: un cilindro de cristal verde oscuro, sobre una base de cromo y madera. De nuevo, leyó la firma grabada en la base del frasco: “R. LALIQUE”. Lo sostuvo entre sus dedos con delicadeza y temor como si se tratase de una frágil obra de arte. “Original. Realmente genial. Sólo un artista puede lograr un diseño tan diferente para un perfumero. Pero no supera a sus joyas, las prefiero, creo... Desde luego la tapadera en forma de cono con esas láminas redondas, unas encima de otras, sin llegar a tocarse. Muy diferente de lo visto.” Alina había elegido para esa noche un complicado vestido de chiffon color crema, sin apenas escote, que emitía un sonoro fru-fru cuando se movía por la habitación. Cuando Frank entró en el apartamento, Alina estaba sentada delante del tocador enfrascada en adivinar los aromas de su nuevo perfume. Un estadillo amargo y fugaz resonó en toda la casa. Un hilillo helado recorrió su espalda. Asustada, abrió la puerta del despacho. Frank se había disparado un tiro en la sien. la niña¿Se acuerdan de Twin Peaks? Laura Palmer fue asesinada y todos con una camiseta la matamos. He visto la foto del viernes en El País y lo primero que me vino a la cabeza fue mi camiseta “I killed Laura Palmer”. Papelitos blancos y azules —azul como la tostadora de Espe—, caritas redondas y algunas gafas, melenas sedosas y cuidadas, perlitas en las orejas, sonrisas de Victoria, dientes como céfiros; ellas también tienen su camiseta: “Soy la niña de Rajoy”. Pues no. ¡Qué venga Hillary Clinton! Ya tengo unos cuantos años, voto cuando quiero y digo casi siempre lo que quiero. Soy una señora y no una niña. Padre sólo quiero uno —biológico— y nada de protecciones, ni melindrosos cumplidos. cuatro más"No siempre en su cuarto oímos llorar a su mujer." "En la cara de la mujer, un miedo secular a la cólera asomó a sus ojos. Él vió como se derrumbaba la luz en el rostro de ella." "Ya está otra vez ahí, una herida que porque ya estaba dicha no hacía menos daño. (mi memoria para cuatro mujeres asesinadas)". De la pequeña Donnadieu. en provinciasEs lo bueno del TALGO; pude leerme de una sentada el librito del señor Umbral. Allí en mi asiento de ventana plana, con los auriculares a modo de barrera aislante, con la mirada ausente clavada en el secarral zamorano, en las montañas verde azuladas de eucaliptos, o con vistas al volvía a sentir el tacto áspero del uniforme colegial. A lomos de los chirridos acerados de las ruedas del tren viajaba en ruta serpenteante hacia los olores de aquella época de “tedio y plateresco”: el olor del pupitre con tapa de formica, de la goma Milán de nata, de las manchas de tinta china en la madera, del pegamento y las carpetas de plástico. “Del fondo del pupitre te viene todavía el aroma de la infancia, el olor del pecado... No eres sino, quizá, el desarrollo y la propagación de todo lo que contenía, revuelto, el fondo de tu pupitre. Llevas en el alma, llevas por alma un fondo de pupitre escolar con libros prohibidos, películas prohibidas y nombres prohibidos. ... y ahora, naturalmente vives en la pura transgresión, vives la transgresión... “ “Qué llama blanca cuando todavía conservabas el cristal puro, cuando tornabas a tu reclinatorio con la cabeza baja, las mejillas encendidas, las manos juntas, los pies torpes, los ojos cerrados y el corazón fuera de sitio. Pero la noche, oye, la noches te trabajaban, la luna era la sutil visitadora de tus desvelos, y lo que ganabas de día lo perdías en el sueño o en la vigilia. Ibas para santa, para mártir, para virgen para beata o abadesa, pero estaban las noches.” Carta abierta a una chica progre. Francisco Umbral. julieta de los espíritusEl concierto de Julieta Venegas era un concierto para chicas. Muchas, muchas chicas en el Sánchez Paraíso el día de la mujer trabajadora. Todas coreaban sus canciones: las tímidas susurraban aquello de “yo te quiero con limón y sal, yo te quiero tal y como estás,... yo te quiero si vienes o vas...”; las chicas de ojos grandes voceaban con voz de tango: “Porque no supiste entender a mi corazón, lo que había en él porque no tuviste el valor de ver quien soy... No voy a llorar y decir que no merezco esto, porque es probable que lo merezco pero no lo quiero, por eso me voy que lástima pero adiós, me despido de ti y me voy, que lástima pero adiós me despido de ti...”. Las frágiles japonesas musitaban con ojos lánguidos y mano tenue: “eres para mí, me lo ha dicho el viento, eres para mí, lo oigo todo el tiempo, eres para mí la sombra que pasa, la luz que me abraza...”. Las rebeldes de flequillo raso y pies inquietos canturreaban las versiones de Los Tigres del Norte y del señor Calamaro. Y ellos..., ellos miraban embelesados el mohín coqueto de Julieta cuando entornaba sus redondos ojos negros y echaba su cabeza y su pelo hacia atrás, por encima de sus hombros. en la carniceríaLa mujer talle de avispa esperaba su turno en la carnicería. Sesenta y cinco, negro, impar, parpadeó titubeante en el marcador electrónico de contornos redondeados. La mujer rubia de jersey verde pistacho y culo apretado detalló con voz sibilante su pedido. Como un golpe de mar sintió un aliento de brisa veraniega en la nuca. Un olor salobre y penetrante la envolvió. Una marea masculina ascendió como un hilillo frío espalda arriba. Se volvió, un hombre moreno de mirada oscura y torrencial exhibía su número. La mujer talle de avispa dio un paso atrás, su nalga rozó aquella verga resbaladiza bajo el vaquero deslucido. Insistió. El hombre no se resistía. Allí seguía agitando su número: él era el siguiente. paris era una fiestaUna rubia con cara de chihuahua, que está forrada, dice que "toda chica que se precie debería tener al menos tres animales: un tigre en la cama, un jaguar en el garaje y un borrico para que pague las facturas". ¡Horror!... Y yo a vueltas con mi granja de playmobil, si ni tan siquiera existo. entre rubias anda el juego/3Ellas son la madre de todas las rubias, son las rubias XL, ya sean altas y fuertes o tamaño chatito, de brillantes ojos claros que apenas se vislumbran medio ocultos entre las cejas y los carrillos. El centelleo de cera de su piel, que delata la grasa latente bajo los poros, contrasta con el tono marmóreo de las rubias gélidas. Simpáticas y ocurrentes, contentas en sus redondeces, de mente ágil y rápida, y lengua afilada, consiguen dejarte patitieso entre sonrisas, guiños de ojos, y un bocado de melón. Trinidad era una experta cocinera que conocía los secretos trucos familiares para alimentar a la tropa de famélicos, que nos sentábamos a su mesa, con tan sólo medio paquete de espaguetis y un tomate. Aún en los momentos de escasez tipo racionamiento —ni siquiera patatas en la despensa— no faltaba el mantel de algodón en la mesa, rescatado de las sobras del ajuar familiar. Llegaba con la olla, la dejaba al lado de su plato y con ritual de misa de boda nos servía uno por uno, con el cucharón enjaezado en el brazo derecho y un sonrisa complaciente en la mano izquierda. Después de mucho insistir, me enseñó a preparar bonito con arroz —mi plato estrella—, pero a la hora de la verdad nunca me dejaba cocinar, con gesto de diosa de los fogones y voz de pastel de crema, me decía: “Deja que ya, lo hago yo..., tú friegas”. Sin opción, ante sabiduría culinaria de tal calibre, me labré una larga carrera de friega platos en los pisos que compartimos esta rubia y yo. A Trinidad, le gustaba halagar y dar de comer a los hombres. Seduce con la buena mesa: el mantel y las servilletas siempre a punto, los tenedores y cuchillos en su sitio, los vasos de cristal sin manchitas, el pan de horno. Y ellos..., ellos no quedaban nunca con hambre. entre rubias anda el juego/2.1![]() A vueltas con las rubias gélidas, y mira tú por dónde ayer mismo, en el último concierto de pop nórdico en la sala Marte del CAEM, tropiezo de bruces con las tres chicas suecas de Midaircondo. Dos de ellas por el libro: el pelo de un rubio que deslumbraba bajo las luces moradas del escenario, la piel láctea mancillada en el pecho por una rojez soleada, delatora de un escote en pico, y brazos rígidos como filetes de pollo recién sacados del congelador. Ni el verde trigo verde de sus vestidos emperifollados: escote palabra de honor y falda de tules con todos los colores del verde; ni los tules enredados entre jirones, ahuecados y fruncidos en varias pestañas, con vueltas y pliegues recogidos por broches rosa brillante; ni sus amables y educadas palabras podían evocar a las tiernas princesas encantadas. Las rubias salvaguardadas por una maraña de cables, baterías, mesas de mezclas, micrófonos y varias Apple Computer acabaron por aprisionarnos entre los ecos de sonidos tecno-industriales, los gritos agudos de las gargantas quemadas por el viento helado, las voces oscuras de los que viven en los días sin noches, y los gestos sutiles de las manos que pulsaban la flauta y el saxo. Y me acordé de Björk, pero sobre todo recordé lo que me había confesado mi amigo, el gitano: que no le gustan las nórdicas, siempre hay algo en ellas que permanece oculto, que no desvelan, ni permiten que lo descubramos. entre rubias anda el juego/2![]() El tipo rubia gélida, a lo Ingrid Bergman, Tippy Hedren o Kim Novak, encandilaba a nuestro querido Hitchcock por ese supuesto fuego en el cuerpo oculto entre la severidad de los gestos almidonados. Estas rubias con piel blanca de mármol de difuntos, ojos contenidos y afilados, desfilan lejanas y elegantes ante la mirada chispeante de una reata de embobados que caen seducidos y acojonados. Si a alguien le sentaba bien aquel uniforme anodino: blusa blanca, chaqueta y falda tableada azul marinos, era a Jimena Olmedo. Alta y escuálida, cara ovalada en la que no destacaban aquellos diminutos ojos verdes paciencia, que dejaban su amplia frente en un vacío absoluto, el pelo lacio, largo, de color trigo requemado parecían hechos para el uniforme de chica discreta y aplicada. El profesor Guitian disfrutaba llamándola al encerado después de un repaso completo a la lista sin resultado alguno, en un fallido intento por resolver el enrevesado problema de integrales con los que solía castigarnos en las mañanas de los lunes. —Señorita Olmedo, al encerado. —Vociferaba satisfecho después de tomarnos el pelo sin reparo por nuestra poca cabeza numérica. Y la Olmedo se levantaba más tiesa que una vara, con la melena cargada en los hombros y la cabeza erguida clavando los ojos en el último infinito de un logaritmo que brincaba en la pizarra verde. Caminaba tímida, despacio, pero segura de conocer el camino y la respuesta. La Olmedo cogía la tiza más larga que encontraba entre sus dedos aún más largos, no adelantaba ni una remota idea de la solución, ni un gesto delataba sus intenciones, simplemente comenzaba a desarrollar un largo chorizo de fórmulas, asociaciones y conversiones: despeja aquí, sustituye allá... Nunca explicaba nada, se limitaba a engarzar números y símbolos acertadamente. Remarcaba el resultado en un cuadrado con fuerza y decisión, sacudía las manos y volvía a su pupitre con la cabeza baja y la mirada ausente entre las baldosas del suelo. Y el señor Guitián, en una gracia a su rubia favorita, nos explicaba la resolución del problema al pelotón de las torpes, con desgana y pocas palabras. La señorita Olmedo, después de terminar la licenciatura en Medicina en los seis años establecidos, se decantó por la psiquiatría contra todo pronóstico y para frustración de su empedernido admirador. entre rubias anda el juego/1![]() De las variedades femeninas que voy encontrando, resultan las rubias un complejo vitamínico reconstituyente y dispar. Hay dos tipos de rubias, bueno, pensándolo bien creo que son tres, aunque la doctrina más ortodoxa considera al tipo bellezón como un subtipo de las gélidas. El tipo rubia bellezón con curvas y salerosa es sensual y atrevida. Suda sexualidad, esta mujer frondosa que no usa ningún rexona que la entierre bajo los aromas de los limones del caribe. Una especie de Silvana Mangano en Arroz Amargo pero de piel blanquita y sienes doradas. Desde luego –sí, han acertado ustedes—, es el modelo Marilyn Monroe, Brigitte Bardot..., o Purita, la de Ortega, que detuvo su vestuario en los modelitos de juventud, y continúa fiel a sus falditas ajustadas, zapatos de tacón de aguja, jerseys entallados y blusas con doble pinza en el pecho. Ella es el orgullo de su marido, un médico conocido que dejó estupefacta a la provincia cuando abandonó a su señora, una pavisosa niña bien, por esta rubia que abusaba del maquillaje y no escondía sus gracias, y al que los amigotes aconsejaban ponerle un pisito en la capital. Desde ese día, Purita ha tenido que demostrar día a día que es una excelente cocinera, que su boyante boutique no es un tapadillo prostibulario y, por supuesto, que no es un putón verbenero. milena![]() Todos los jueves, con el último mordisco en la boca y el yogur esperando sobre la mesa, suena un timbrazo cauto y escueto en la puerta de mi casa. No hace falta que mire el reloj, son las cuatro. Milena llama a mi puerta, y espera paciente con la bolsa repleta de sus herramientas: guantes, zapatillas, un viejo vestido de franela con flores marrones y verdes. Milena abandonó a sus enfermos del viejo hospital de Cracovia, las noches en blanco cargadas cloroformo y lamentos; guardó sus vestidos demasiado abrigadores para el caluroso verano del Sur; regaló el gato a su mejor amiga; devolvió el violín a su padre y, tras varias vueltas de tuerca, decidió acompañar a Tomasz en la nueva aventura. Sin mediar palabra, comienza sus tareas con orden y quehacer minucioso: pone la lavadora, recoge los restos de mi desorden, limpia las habitaciones, sacude la alfombra de bolitas de colores –es su favorita, lo noto-, y coloca de nuevo los libros, los recortes de periódicos y los discos en el mismo desorden para que no me pierda. Con precisión programada, a mitad de faena se permite un respiro: se sienta en la cocina, fuma un cigarrillo y come un plátano: “En Polonia, erran muy, muy carrisimos”, me aclaró con ojos azul opaco, la primera vez que la vi con el plátano en la mano. Después de su dosis, cargaría con el mundo a sus espaldas. Termina la cocina; busca un extra en la lista de tareas domésticas más tediosas –los cristales, sin ir más lejos- y se pone a ello con tal ahínco como si la capa de polvo nos impidiera ver la ciudad. Por último, plancha los trapitos sin una arruga, con tal rapidez y tino que me tiene sobrecogida. Milena nunca tiende la ropa interior en el tendedero del patio de luces, prefiere el radiador de mi habitación para las bragas y sostenes. chicas del 75Malena lucía con orgullo sus negros ojos achinados despejando su carita tozuda con una pequeña pañoleta azul cobalto, que le recogía la melena detrás de aquellas orejas más bien de soplillo. Viniese o no al caso, le encantaba soltar en las conversaciones sus frases favoritas de “El Gran Timonel”: “Mientras sea monje tocaré la campana”, “Esto es como barrer el suelo: donde no llega la escoba, el polvo no desaparece solo”, y otras lindeces del estilo. Una noche de temporal perdió su pañoleta en una esquina de aire cruzado en la plaza da Algalia, y ya nunca más recordaría los pensamientos floridos de ninguna revolución cultural. Sin embargo, nunca dejó de fumar como un carretero. Romina era menuda y bajita, una hippie de figura normalita que escondía sus ojos verdes entre el revuelo de sus rizos morenos antes de cepillarse a los novios de todas las amigas. De pequeña, Rebeca, enmudecía ante las preguntas de la maestra; de mayor, hechizaba con sus ojos de gata sobre el tejado de zinc. Sus novios padecían de jaqueca de tantos cabezazos que se propinaban contra la pared del dormitorio, y ella..., ella mataba la culpa rasgando la vena de su muñeca izquierda. Carolina plantó a su novio, el moreno guapísimo, por un artista en ciernes al que abandonó por un cubano que la arrumba entre sus mil y una fantasías. la última palabra![]()
Todos los días de diario, justo antes de cerrar, el marido de mi pescadera llega en su ford scort granate oscuro, aparca en doble fila, enciende los intermitentes, entra en la tienda, recoge los embalajes y las tripas del pescado, los envuelve en un gurruño de periódicos y plásticos antes de tirarlos al contenedor. Canda la puerta de la pescadería. Comprueba que la cerradura no se mueve, y que las llaves están en el bolsillo de la chaqueta azul. Solícito, abre la puerta del coche a su mujercita que, con ojos exultantes y voz de ¡arr!, le recrimina no haber comprado perejil suficiente para regalar a sus mejores clientas: “Tiene una que estar una en todo... Con la mañana que he tenido, sin parar un minuto”. she's a rainbowA veces las sorpresas te ponen la cabeza a pájaros, sopla el entusiasmo y este airón carnal despliega las velas risueñas del galeón... Y sientes que caminas por el lado soleado de la calle. Otros días los hechos contundentes arriman el ascua a su sardina, y tozudos se abalanzan una mañana gris de un frío que se hielan las palabras... Y acabas a Dios rogando y con el mazo dando. En apenas un par de horas, unas imágenes te estremecen y dejan un gusto desabrido con el cuerpo al aire. Un aire salobre y húmedo, frío e inmóvil como el de aquella plataforma petrolífera. Y con la visión de aquel hombre ciego que recibe el regalo de la aterida Hanna y sus heridas, vuelves al recuerdo de la ceguera infantil, a los recuerdos sin imágenes, que son recuerdos porque te los han contado, niña. Recuerdos para los que no hay olvido. Y lloras pero no tienes palabras, tan sólo te queda el placer. Un día después, el destino se levanta generoso y regala ocasiones: cae en tus manos el genial artículo de John Berger —El País, 25 de noviembre— sobre “La vida secreta de las palabras”, y sabes que has comprendido y él sabe contarlo: “Hoy, sin embargo, en el modo de pensar de los ricos y en los medios de comunicación que ellos controlan, ha quedado abolida toda noción de martirio y ha venido a sustituirla la de exención. Esa exención del dolor y de la violencia que parecen proponer, en primer lugar, el dinero y luego todas las falsas promesas del consumo. En esta película no hay ese tipo de exención. Por eso nos identificamos con ella. Berger habla del sufrimiento y del don de la vida en la película de Isabel Coixet, personalmente te quedas con sufrimiento y placer. Por minutos, todo un día repiten el mismo slogan: Hoy, día mundial del sida, ...millones afectados en el mundo por el VIH, ...en España. Comes y siguen repitiendo: ...nuevos casos este año en Salamanca. Friegas y comentan: ...retrovirales de India para Sudáfrica. Chateas y escuchas: ...terapia experimental con inhibidores de la integrasa para el sida. Te sientas y piensas que alguien camina por el pasillo del hospital para hacerse con sus dosis de Fuzeon y terapia combinada. Mientras tanto, por años Africa piensa que violar a una niña cura el sida. Esta mañana, una duda de domingo y de antes de desayunar me atraca: ¿La bolsa del pan tostado va al contenedor del papel o de los envases? Esta vez me inclino por los envases. Rita en la montaña turcaComo con mi amiga Rita una ensalada más bien sosa en el delicioso patio del Delicatessen —lo que casi me cuesta una gripe— y me cuenta su calamitosa expedición veraniega a Turquía. Tal viaje turístico consistió en unas seis jornadas de senderismo por los montes de la Capadocia, cargando con la mochilita y durmiendo de acampada, aparte de los días de estancia en Estambul y en otra delicia turca. Cómo viajaba con su amiga belga, que contrató el viaje con una agencia francesa, rápidamente imaginé una estupenda excursión de europeos fashion y alternativos. —¡Huy!, trekking y con guiris, genial, todo chicos guapos. ¿Habrás ligado un montón? —le pregunto ansiando conocer los pormenores de sus aventuras con algún holandés errante (los guiris: mi debilidad, lo reconozco). Silencio y vuelta al rizo negro que acolcha su mirada perdida. En su clásico binomio inferencia-deducción de científica, mi amiga pensó que tenía todas las variables en la mano, y que no sé cuántos días de caminata en plena naturaleza bien valdrían alguna bonita historia de amor en la que refugiarse durante el mohoso invierno de su ciudad. Pero, una vez más, resultó la profecía que se cumple así misma, y en el grupo tan sólo dos hombres: un francés –con novia presente, por supuesto- y el guía, que para colmo era un turco borde y misógino. Sí, un montón de guapas europeas de senderismo por la Capadocia. —Bueno, el francés era encantador y, como el guía era tan borde produjo un efecto rebote y se estableció una especial comunicación, más solidaridad entre nosotras. ¡Uff!, después de aquellas jornadas tan largas... Y el paisaje, maravilloso, sin rastro de civilización. —Y con sus manos de sabia delgada se explaya en desenvolver las bondades y bellezas del paisaje, en la maravillosa experiencia de la dureza del camino, de luchar con tus límites para seguir y no quedar atrás, en las heridas y los dolores, en el esfuerzo y el cansancio. —Sí, contado así hasta es atrayente —le digo con estos ojos compasivos que Misombra me presta para las ocasiones—. No sé, chica, pensé que estos europeos serían diferentes. En mi clase de inglés sólo hay chicas, una ruina. Aunque, ya sabes, esto son las provincias. Pero ya veo..., si es turismo de aventura porque es eso, y si es el inglés porque es estudiar. No sé... ¿Qué hacen? ¿Dónde se meten? in the mood for loveLeo en la muy seria y profesional web de la BBC que, el pasado fin de semana, cinco mil chinos sin pareja se reunieron en un parque de Shangai para el gran fiestorrón de las citas rápidas. “¡Anda, mira!, estos chinos que bien se lo montan” murmuro entre perpleja y admirada. Que no tienen tiempo para encontrar el amor de su vida, pues nada se montan un sarao de miles y el que no encuentre no será por abundancia, ni por oportunidad. Si uno es muy tímido, no hay problema, un "Cupido" podía entregarle a la persona elegida la rosa o un mensaje. Sí, todo muy pensadito: acceso exclusivo para universitarios de 20 a 45 años, y entrada con rosa incluida —en lugar de la consabida copa, tan hispana— para regalar al elegido. Todo muy japonés. Si en China se fueron al parque con rosita en mano, entre risas, bailes y juegos para buscar al amor, en Charri-City, el pasado fin de semana, miles de torpes buscamos un apaño —amor a primera vista, en fino— botando de bar en bar, hechos un pincel con las recién estrenadas galas de la nueva temporada otoñal, machacamos bien el hígado, bizqueamos a ratos, renqueamos ensordecidos por la música ambiente, echamos tejos a diestro y siniestro, venteamos las anginas hasta la ronquera y pasado el equinoccio de la noche llegamos a las rebajas de ¡ya son las 4 y nada!? Eso sí, ni una conversación inteligible.Creo que unos cuantos —una toneladas de cuantos— necesitaríamos otra fiestecilla de singles para arreglarnos este centro de ingravedad permanente que nos traemos. A ver, si con un poco de suerte mi querido Lanzarote, o el señor Estella, toman nota del invento “cultural” chico y nos montan un festival de citas rápidas en el parque de los Jesuitas, ahora que el “2005, Plaza Mayor de Europa” ha finalizado y antes de que el frío ocaso invernal nos acose. Tal vez así los forties podamos sobrellevar más contentos la gripe del pollo —ya encima— con el tan celebrado calor de pecho ajeno, además de ahorrarle unos duros al maltrecho sistema sanitario. Sí, todo son ventajas. ¡Qué no se quejen! Misombra's backNo es fácil seducir a una dura-mimosa. Sí, seducción era lo que necesitaba Misombra después de la rabieta que montó cuando nos fuimos a la playa adejeña. Las duras-mimosas necesitan cuidados especiales: una no puede atacar con toda la artillería de carantoñas y lindeces, a lo cubano; sus gritos ahogarían hasta los nenúfares. Es una tarea ardua, para mentes bien equipadas y equilibradas, y con suficiente capacidad de planificación estratégica. Le dejamos el regalo canario —un precioso atrapasueños— colgado de su ventana, sin esperar las gracias, ni cualquier comentario casual. Así fue, mutismo. Pocos días más tarde, colocamos sus bombones favoritos entre los cactus del salón —desde aquella convertidos en su nido—. A los dos días la caja de los Godiva estaba vacía, con arañazos en la tapa, y sus ojillos brillaban de placer sensual. Aquel tufo a rencor rancio que cortaba el resuello al entrar en casa, se lo tragó con el chocolate. La mañana de los helicópteros, su pensamiento traspasó mi mente, y antes de que pudiese darme cuenta la voz de Jim Morrison le ayudaba a extirpar los pinchos que infestaban sus escuálidos miembros. Entre ayes canturreaba: “This is the end... the end, my only friend”. Comprendí el mensaje: el principio del fin; ahora dejarla hacer con calma, y sobre todo tener siempre a mano el guante de terciopelo rojo. El viernes cocinó berenjenas con pasta. El sábado la invité al teatro —se desternilló de risa con el “Colon en la barraca” de los Corsario— y se achispó con el Ribera del Duero. De madrugada, al entrar a oscuras en el portal, me confiesa: “Niña, te llamó el de Murcia hace semanas, pero le dije: Ella ya no vive aquí”. Casi la pisoteo y la estrujo, me pongo el guante de terciopelo, abro el buzón, y tan sólo le susurro: “Ah..., pues al móvil no ha llamado...”. Siento su mano húmeda y temblorosa entre mis dedos. adejeLa mañana de otoño baja transparente, y la Gomera al frente recuerda al último volcán de la Atlántida. La mujer inglesa que habla español con acento gallego, sacude al pequeño Danny y le susurra con voz de currucú: --Mira que te estampo como no duermas. Danny ríe a carcajadas y espera la estampida. --¡A ver, ni voy, ni vengo! Que te duermas... Mira que te aplasto. --Repite en ese tonillo de mamá joven que enternece. Danny la mira fijamente y parece que va comprendiendo el mensaje después de varios: "¡Oh my God!", y una nana en inglés, con soniquete de Lugo. La mujer inglesa abre el termo con café que nos sirve bajo la sombrilla. Me cuenta que nació en Londres, hija de emigrantes gallegos, vivió allí hasta los dieciocho, se casó con un gallego y emigraron a Canarias; que echa de menos la lluvia, y la casa se le viene encima. Entre suspiros y sorbitos de café americano, mi querida amiga L.A. --la mujer enamorada-- nos cuenta, una mañana más, los detalles de su noche vodafone: amor “à la fin de l´été” que crece gracias al satélite. Noches habla que te habla al rocío de Adeje con un tipo en Granada. Y otra mañana más, planchamos el espinazo al sol ávidas de nuestra dosis diaria de endorfinas. Sí, difícil de creer, pero me temo que padecemos la recién descubierta adicción al bronceado resultado de esas dulces endorfinas producidas por la piel expuesta al rayito de sol. Los pájaros vuelan a turnos, inquietos. No escuchan, ni vigilan. Vuelan a ras de cielo y olvidan. Vuelan a ras de suelo y reclaman un sueño olvidado. El inglesito de piel tostada, y ojos azul grisáceo me mira sin pestañear, apenas sonríe. Le miro, hago un gesto con la mano. Vuelve a mirar fijamente, sonríe con algo más de gracia pero sin confianzas. Sus ojos brillan al sol del mediodía. Lanza una última visual, y decide ponerse en movimiento, lentamente, sin agobios ni prisas. Una pausa en el camino, otra ojeada, con mi mano le animo a seguir, en su cara una sonrisa en los ojos y en la boca. Vuelve a empezar despacio, ahora se arrastra, ahora gatea con ímpetu, ya casi está a mi lado. Levanto mi mano, giro la muñeca una y otra vez, izquierda, derecha, izquierda... y le canto: “Cinco lobitos tiene la loba, cinco lobitos detrás de la escoba...”; no entiende ni jota pero se ríe a carcajadas. Se sienta a mi lado sin dejar de observarme. Vacío la mochila en busca de una chocolatina, todo cae desperdigado en la toalla: el libro, el monedero, la libreta roja, el bolígrafo... ; agarra la funda de las gafas y la coloca entre su oreja y su boca, en plan hablando al móvil, y me mira como queriendo decir algo. Hoy, Georgie --el inglesito londinense-- cumple trece meses, y devora la chocolatina de un trago. fin de semana La pequeña lolita amenaza con venir. Bueno, exactamente, en cualquier momento sacude el timbrazo. Con la disculpa de vernos a su cuasi-novio-anguila, a nosotras y a Charlie Haden pisa charrilandia una vez más. Lapetarda no deja de jalear, correr por los pasillos y probarse trapos. —¡Qué corran los tragos, tiemblen las piedras y brinquen las aceras! —canta ensimismada ante el espejo con ojos de pulga saltarina tratando de decidir qué zapatos con qué trapito. Misombra se ha calzado los morros de invierno, y con boina y guantes se encierra en el congelador. —¡No pienso salir hasta que la lolita se largue, y pásame la radio que el domingo quiero escuchar el mundo babel de tu querido JP Silvestre —me chilla a la cara con aliento de cubito-melocotón-helado. —¡Pero niña!..., vas a perderte el concierto de Henri Salvador con lo que te costó birlarle las invitaciones al gabacho —le largo despacito conteniéndome para no ahogarla—. ¡Mujer!, con lo bien que te lo pasaste en el concierto de Joe Bataan bailando la conga... —Bueno, no sé..., pero la lolita no viene con mis invitaciones, que se lo pague si puede... Y esa petarda que deje de cantar “Le fou de la reine” que desafina. La estrujo de un bufido con ganas de sepultarla en el congelador, y la dejo tendida entre un paquete de espinacas y una tarrina de helado de castañas. ¡Brrr...! operación campamentoEstoy aquí tumbada en el sofá mirando como Misombra no para de sorber café y de bostezar, entre tostada y tostada. Sí, ella ha despertado, casi tuvimos que buscar en Google un príncipe disponible para que de un beso nos la sacase de la soñarrera. Pero no, ahí está sentada en el suelo con los ojos llenos de legañas escuchando mi resumen de prensa semanal: Un dandi despojado nos cuenta lo feliz que fue en Argüelles y lo joven que era de aquella ("juventud divino tesoro te vas para no volver cuando quiero llorar no lloro y a veces lloro sin querer ...”) y firma autógrafos en la feria del Libro. Un ministro rechonchito y más bien calvo le tira los tejos, o cuasi, a una rubia de frasco: “Aguirre es de las que besan a mediodía y muerden por la noche, de una manera que no es acorde con su aristocrática posición", en relación al plan de vivienda de Madrid, ’Operación Campamento’: “Un plan de vivienda para Madrid en el que participan los ministerios de Defensa y de Vivienda y la Comunidad de Madrid. En una superficie aproximada de nueve millones de metros cuadrados, vendidos por Defensa, se levantarán 11.700 viviendas, el 75% protegidas y el resto libres.” —Por favor, señores, dónde está la lista para los minipisos, —pregunta Misombra mientras enciende su primer pitillo post-letargo con el placer y el garbo de Sarita en “Fumando espero al hombre que más quiero...”. Se recogen firmas para botar al ínclito Federico Jiménez Losantos de su programita mañanero en la COPE. Mi sombraMisombra lleva durmiendo una semana. Ya he releído su epistolario sentimental dos veces –no doy un duro por el gitano, le veo en la cuerda floja, ese flirt no tiene futuro-. Lapetarda ya ha lucido todos los vestiditos que Misombra nunca le prestaba. La echamos de menos, la verdad; estamos un poco perdidas sin ella. Lapetarda acude a otra cita del Tentaciones, y van cinco!!!! No escarmienta. El vienenstrasse se esfumó en un suspiro después de que el azar nos descubriese que tiene una hija adolescente al menos, si no una caterva en plan “Sonrisas y lágrimas” ¡Horror! El advocati pagó la cuenta del Stravaganza y puso pies en polvorosa al cuarto taco. El cantante calvo se hizo el loco como recién llegado del “mundo de nunca jamás”. El brooklyn guy se marchó al día siguiente. Ahora, un moreno que se presenta como “bueno en la cama”. Malo! Y yo juego a “Ninette y un señor de Murcia”, y cruzo los dedos para no quemarme, que me conozco... y me veo llegar. la petardaEstoy sentada ante un café en la terraza del Clavel con mi amiga la petarda, que lleva una hora sin parar de hablar, y mi sombra que ha optado por tirarse a la bartola en el escaño. La petarda no para de fumar, y con cada pitillo que se ventila mi nervio se estira... Ha contestado a un anuncio de contactos del Tentaciones, y cada delgado, alto, rubio de cuarenta que se tropieza la sobresalta. Ya tiene la ficha: viajero, activo, deportista, leído, ecologista, respira lo justo... ¡Nena! -le digo- este no es del sur... por lo menos sueco o de más al norte. Mira, a lo mejor, es ese de la camisa beig que se acaba de sentar, dice y le larga un tejazo de tuerta. No creo ese no es rubio, solo blanquito, estaba entre los 30 que fuimos al concierto de Dayna Kurtz, además es el novio o medio novio de la costu. ¿Seguro? -pregunta incrédula y oigo como mi sombra se troncha agitando el quinto martini-, creo que lo confundes..., terquea ¿Dime una canción con nombre de mujer? Para concentrarse mira fijamente al de beig que revuelve el café y mira. "Angie" de los Rolling, es de mis favoritas me dice. Bien no había pensado en esa, está bien sí me pero necesito más... La petarda se levanta y se sienta en la mesa con el beig y le pregunta por canciones con nombres de mujer. Ya no puedo seguir escuchando... mi sombra me tira del brazo y aprovecha para sacarme de la terraza. Se acerca al oído y me susurra: Esperanza, Esperanza le bonheur ... Esperanza, Esperanza et l’espoir est en nous mon amour... Sí, me gusta... ¿sabes alguna más? le pregunto. Me cuelgo del brazo de mi sombra y subimos la escalera de Tentenecio. eternas enamoradasUna de mis favoritas es Marina Tsvietaieva, cuyas periódicas y obsesivas relaciones amorosas con personas que no podrían o no querían corresponderle no tenían como objetivo a las personas mismas, sino que expresaban su necesidad de estar enamorada, como delatan estas palabras: “¡Amor! ¡Amor! En los estertores de la muerte y en el ataúd Estaré alerta – transida – atolondrada – dispuesta a ir a ti.” “No estoy hecha para la vida. ¡En mí todo es incendio! Puedo tener diez relaciones a la vez (¡qué horror: relaciones!) y a cada uno asegurarle, desde la más profunda profundidad, que es el único. Pero no tolero que me volteen la espalda, ni mínimamente. Me LASTIMA, ¿comprende? Yo soy una persona desollada en vida, mientras que el resto de ustedes lleva armadura. Todos ustedes tienen: el arte, la vida social, las amistades, las diversiones, la familia, el deber, mientras que yo, en el fondo, no tengo NADA. Todo cae como la piel bajo la piel hay carne viva o fuego, yo soy –Psiqué. En ninguna forma hay lugar para mí –ni siquiera en la espaciosísima forma de mis versos—.” Durante la primavera-verano de 1926 Marina y Rilke, ex de Lou Andreas Salome -otra rusa eterna enamorada: "el amor después del amor"-, mantuvieron una correspondencia repleta de complicidad, un diálogo entre personas que se comprenden casi sin palabras como enteradas de un mismo secreto. Marina, para quien el contacto físico era esencial porque era el único modo de penetrar en el alma de una persona, propuso a Rilke un encuentro: “Rainer, quiero estar contigo […] –no te enfades, soy siempre yo, yo quiero dormir a tu lado – adormecerme y dormir. […] Sencillamente dormir. Nada más. No, algo más: hundir mi cabeza en tu hombro izquierdo, mi mano en el derecho y nada más. No, algo más: saber, aún en mi sueño más profundo, que tú te encuentras a mi lado. Y algo más: escuchar el sonido de tu corazón. Y... besarlo.” Sin embargo, el escritor con un muy actual y masculino “sí, pero no” rechazó el encuentro: “Sí, sí, una vez más, sí, Marina, a todo lo que quieras y a todo lo que eres, y todos juntos forman un gran SÍ, dicho por la vida misma... pero en él se encuentran encerrados diez mil imprevisibles NO”. Nunca llegaron a gozar ese anhelado encuentro, meses más tarde Rilke murió y Marina le dedicó el largo poema, “Por el año nuevo”. lozana andaluza ¡Por fin!, mi amiga Rita ha logrado terminar su sesudo artículo después de varios insomnios, tardes de lluvia y un mareo, eso sí, el tema becario-JS está no ya congelado sino crucificado y en ella en capilla ante los próximos avatares profesionales, ¡una pena! porque con la entrada de la primavera la estoy viendo instalar el aire acondicionado en un intento por mitigar la calentura de tanto sofoco... Y de tanto hablar, contagiada estoy, me siento en similar tesitura, a pesar de los cuidados que me prodigo –¡con lo bien que me apaño con los artilugios!-. Este nuevo airecito que rueda por las calles y voltea en las esquinas, esa luz mañanera que tanto madruga, estas bandadas de pájaros desatados, charlatanes piadores -¿cuándo comenzarán el ataque?-, me tienen con el estómago en erupción y más abajo con destellos de colorines, en ebullición, vaya, y falta una semana. Ya temo el maléfico día equinoccial, que, después de todo, tan solo señala el pistoletazo de salida, luego lo que te rondaré morena. Todo esto sin contar con que al final no me chapuce en la bobería ésta del enamoramiento, que me estoy viendo venir (me lo predice el horóscopo) y me temo... Y lo peor, mi violeta africana, tan exuberante y lozana, no florece, y mis narcisos y tulipanes aún por brotar. me acuerdo de Cosima Wagner, Juliette Greco, Silvina Ocampo, Alma Mahler, Carmen McRae, Safo, Edith Piaf, Jane Birkin, Patti Smith, Marguerite Duras, Marianne Faithfull, Ella Fitzgerald, Angeles Mastretta, Angelique Kidjo, Rosalía de Castro, Astrud Gilberto,Sara Vaughan, Maria Bethania, Susana Rinaldi, Elizabetn McNeill, Francoise Hardy, Haris Alexiou, Victoria Ocampo, Julie Driscoll, Isak Dinesen, Joan Baez, Amalia Rodrigues, Marguerite Yourcenar, María Callas, Edith Sitwell, Chavela Vargas, Paquita la del Barrio, Virginia Woolf, Carla Bruni, Gloria Lasso, Adriana Calcanhotto, Brigitte Bardot, Omara Portuondo, Emilia Pardo Bazán, Concha Piquer, Alkistis Protosaltis, Etta James, Dulce Pontes, Djuna Barnes, Ute Lemper, Nico, Marlene Dietrich, Dayna Kurtz, Nora Jones, Vanessa Paradis, Mª del Mar Bonet, Adriana Varela, Eleni Karaindrou, Lou Andreas Salome, Deborah Harry, Janis Joplin, Patricia Highsmith, Lisa Germano, Marisa Monte, Suzi Quatro, Cássia Eller, Mª Dolores Pradera, Valentine Penrose, Rita Lee, María Salgado, Björk, George Sand, Billie Holiday, Sinead O’Connor, Cher, Cesaria Evora, Catherine Deneuve, Laurie Anderson, Jane Bowles, Barbara, Mary Shelley.avance primaveraCon demoledor alarde de lo práctica que es una, no lo dudé ni un momento, fui directa al grano: “Tendrás que hacer algo y ponerle remedio. Si no imagínate cuando llegue la primavera...”. Da pavor pensar lo que se puede montar entre el subidón adrenalínico del momento y el propio crecimiento del “alien” libidinoso. Sin saberlo he abierto la Caja de Pandora, porque tiene un becario, tipo Jesucrito Superstar, muy mono, interesante... pero que no, que no podía ser, es más joven y becario. Y lo peor, tal comezón la tiene bloqueada, su tremendo artículo no logra salir, su cabeza no está para disertaciones; el bloqueo existe por sí mismo, alimentado por el becario. Una vez más, intenté poner racionalidad: "A ver chica, no se tiran todos tus colegas a sus becarias, entonces ¿por qué no puedes hacértelo con el JS?". O no, o seguimos con el doble rasero por mucha élite intelectual de izquierdas y más, de que se trate. Vaticino un fuerte atolladero para ese artículo. |