La pequeña lolita se ha marchado pero ha llegado mi amigo S para el dancing de los Thievery Corporation -mucho ruido y pocas nueces, y moda del sitar como los TGU-, así que hemos pasado del jolgorio coquetón a la jauría gay-marujil. Entre medias, Henri Salvador nos sumergió en un show de los cincuenta con telón de terciopelo, bromas, bailes, gags, simpatía y paroles; los del Teatre Lliure llenaron de tiros un bar kitsch repleto de Eduardos, Ricardos, nobles y Lady Anne.
Conclusiones sobre la actualidad teatral después de estas veladas:
Está de moda cantar "Ne me quitte pas" en el escenario, introducir flashes de absurdo en mayores o menores dosis y numeritos de cante y baile.