Casi las diez de una noche calurosa. Por un desliz en el postigo, Misombra logró colarse a la vieja catedral románica con cimborrio de escamas. Entre un frufru de sedas y aromas de velas e inciensos, fue transportada en volandas hasta el confesonario de celosías labradas, viejo guardián de culpas inconfesables. Recogida y apoltronada en el raído escalón de madera, con la mirada perdida entre la dulce piedra dorada y el retablo de voces negras, púrpuras y azules, era todo oídos para las salves, villancicos, lamentaciones y motetes que el grupo "Al Ayre" interpretó en su concierto del sábado. “A batallar las estrellas” reúne, en un único repertorio, una selección de piezas compuestas en el siglo XVII para ser interpretadas en las catedrales hispanas. Un revuelo de sones de laúd, arpa, voces y guitarras —viejos conocidos de estos pilares y tumbas— embelesaron su alma oscura; un ir y venir de melodías, músicas, notas descocharon todos los recuerdos y plegarias enterrados entre bóvedas y capiteles, una lluvia fina helaba la piel y enhechizaba la voluntad de las sombras.