La lluvia repiquetea en la ventana y la humedad se cuela entre los tulipanes y la escuálida adelfa que dormitan en el balcón ateridos y temblorosos por el norte implacable. Aunque, al menos me libro de otro fin de semana atrapada en el mundo de blancanieves pero sin enanitos a los que atosigar un rato. Es sábado, me he levantado tarde, entre gramo y gramo de cafeína enciendo las sinapsis neuronales y logro untar la mantequilla de higos en la tostada y minutos más tarde cuando ojos y cerebro sincronizan leo en La Gaceta que la venta de pollos enteros ha descendido un 20% sin embargo no ha bajado el consumo de huevos ni de pechugas. Vuelvo a leer el titular: “El consumo de pollo entero cae, pero no las pechugas” pensando que no había atado todos los cabos de los titulares y la entradilla. Algo similar pasa con el pollo asado, ya no comemos pollo de asador, a juzgar por los datos. Perpleja no sé muy bien qué pensar, parece que ha entrado la paranoia general de la gripe aviar pero a rachas: no tomamos pollo entero, pero sí a trozos o sus derivados. Parece que nuestra sesuda cabecita ve al difunto de cuerpo presente, sin mutilar, y en un rápido reflejo piensa: ¡zas! pollo–gripe aviar-gripe mortal, y sin más salimos corriendo de la sección de carnicería. Pero a tres pasos, ni dos pasillos más allá del Gadis, nos encontramos con las estanterías repletas de bandejas con pechugas de pollo, de pavo, etc., tan blanquitas y bien colocadas, y tres bandejas de golpe para el carrito de la compra semanal. Algo así nos sucede cuando caminamos por la selva y vemos entre los matorrales una cuerda pintada de amarillo y negro simulando el estampado de tigresa que se agita a lo lejos, salimos de estampida sin más. No paramos a pensar lo que estamos viendo, nuestro cerebro asocia rápidamente tigre-peligro y en su afán de supervivencia nos lanza a doscientos por hora en dirección opuesta al falso tigre. Con este ejemplo Francisco José Rubia ejemplificaba su tesis de que el cerebro nos engaña y quizás pueda añadir este comportamiento absurdo de los consumidores a su colección. Sí, sin duda, Rubia tiene razón nuestro cerebro nos engaña, vemos al pollito sin descuartizar y salimos corriendo: aunque no lo acabo de comprender, la verdad, siempre pensé que a la gripe aviar le daría lo mismo que, una vez contagiado el pollito, lo tomemos entero, descuartizado o pelado, pero ya se sabe recién levantada y sin duchar no tengo los hemisferios para pensamientos de hondo calado.