Joyce Vincent ha pasado estos dos últimos años frente a un televisor encendido que no podía ver ni escuchar. El cadáver de esta londinense de 40 años fue descubierto en enero, después de que su casero echase de menos el alquiler y se decidiese a tirar la puerta abajo. En la salita se encontró con una inquilina apestosa y descompuesta, sentada en su butaca favorita a la lado de la bolsa de la compra y los regalos de Navidad. Joyce murió sola. Nadie la echó de menos. En estos dos últimos años la televisión no dejó de vociferar día y noche acompañando su descanso eterno, sin importar a los vecinos.

En Madrid, un hombre de 30 años apuñala a una compañera de trabajo, golpea al encargado y se tira de un quinto piso, después de recibir la carta de despido de la empresa Mallorca para la que trabajaba. Requiebros del destino han querido que el hombre de 30 años salvase su vida al rebotar en el morro de una furgoneta de la empresa Mallorca, que pasaba por allí.