Un tipo delgado con manos grandes y musculosas, como de remero del Volga, de pelo gris acerado con corte de ejecutivo, excava un hueco en la arena de la playa de bahía del Duque con la parsimonia y el tesón de quien traza un preciso dibujo matemático.
—Stasi gladnost chejova jlestiakov lossky goncharova —murmura el hombre con voz pausada y caliente como trigo maduro mientras calcula de un vistazo la profundidad que necesita su pequeña rubiecita.
Al otro lado de la sombrilla una mujer rubia de figura siberiana y manos cuidadas, con las uñas pintadas de rojo amapola, aros de oro en los dedos pulgares y anillos de cristal chispeante en sus dedos delgados y severos, esparce la crema solar por su piel pulcramente tostada sin un pliegue mal colocado, ni una mancha despistada.
—Nadia stazhd tolstoi comenci spasiva vasiliev —repite despacio tratando de calmar a la pequeña de pelo amarillo limón que, bajo la sombrilla de triángulos blancos y azules, ha comenzado a patalear con el empeño de quién no tiene palabras.
El hombre de pelo gris platino plancha las paredes del hueco arenoso hasta dejarlas tan bruñidas como los anillos de la mujer, lo cubre con la toalla del ratón mickey tratando de ajustarla a la concha protectora, y con mimo acuesta a la pequeña en esa cuna con sabor marino.
Mientras tanto la rubia de ojos verde esmeralda se coloca la visera blanca de Dior a tono con el estampado de flores azules y blancas de su bañador, retira las asas del bikini, se parapeta tras un gafas azul titanio, y se tiende en la tumbona de lecho blando y crujiente dispuesta a sudar hielo bajo un sol generoso, sin escuchar el rumor de las olas.
—Troika vladimir zhdanov illich nasdriva malevich —musita el hombre de pelo gris a la pequeña de ojos azul boreal.
El hombre de pelo plateado limpia la arena de la cara y el pecho de la pequeña, acaricia sus diminutos pies, centra la sombrilla y se tiende a su lado con su manita entre sus dedos de remero.