Ya estamos en la jornada de reflexión, y apenas me he enterado de la campaña electoral, salvo por los carteles de Miguel Duran desperdigados por las aceras charris y otras menudencias. He visto la coronilla de Rubalcaba a los lejos, ronroneando por Fonseca. He escuchado algo de un Falcon volador y de unos trajes cortados al "curita". He visto un anuncio de una mujer sola y apesadumbrada en un autobús que parecía Carmen Maura en Que he hecho yo para merecer esto o en Volver.
La semana ha estado cargada de los "men in black" que pululan por el Festival de las Artes, de los aplausos rabiosos al maravilloso-violento montaje de Jan Fabre, y las palmas temblorosas y emocionadas a la danza de los Última Vez, lo mejor de la semana, que consiguieron seducirnos con sus cuerpos y movimientos sin echar mano de los nuevos zapatos mejicanos. Sí queridas niñas con los nuevos zapatitos, que no son de cristal, podréis tener al príncipe a vuestros pies con tan solo caminar, nada de madrastras y cenicientas. Los nuevos zapatos estimulan la producción de las tan deseadas feromonas que dejan tumbados a incautos fetichistas. Una camina como si nada por la calle Toro y acaba tal flautista de Hamelín con una grey de caballeros a sus pies. Los veo ideales para políticos en campaña, unos paseítos y la ciudadanía arrastrándose por el fango. ¡Las ciencias adelantan avanzan que es una barbaridad!