Medianoche. Brisa de escarcha sobre mi ’Beirut’ y el escuálido rosal de mi balcón. Me instalo en la ventana al acecho de las idas y venidas de los ratoncillos noctámbulos.

El vecino del bloque de la esquina sale a fumar al balcón. También observa ’Beirut’. Ni un alma.

Alguien sube, las planchas metálicas que guardan las trincheras rechinan a saltitos. Una adolescente que vuelve a casa.

Los ratoncillos siguen sin aparecer. Es sábado, hay fiestón en las alcantarillas. Misspiernas lleva varios días sin asomarse. La ’reina cotilla’ suspira y cierra la edición.