barcosalamca.jpgLas meigas se confabularon para fastidiarle el finde a mi querido Lanzarote, y en plena tarde de asueto sabadil se le incendia el cascarón del barco amarrado en las dársenas del Tormes, se le inunda la Plaza Mayor y le queda a oscuras una buena parte del centro. Al brujerío solo le faltó arrojar más pintura a su querido medallón del Caudillo.

“Un día aciágalo” indicó mi Lanzarote a los medios en el colmo del gracejo charri, ¡qué inspirado!, veremos si hoy está de igual en la presentación de los eventos del “Salamanca 2005.Plaza Mayor de Europa”.

Mi fino olfato me dice que mi Lanzarote no debería confiarse, tal vez el Marqués de Villena ha vuelto por sus fueros y tales hechos sean cosa de encantamiento, el comienzo de nuevas prácticas nigrománticas en la afamada Cueva de Salamanca.

Aunque en todo va el cristal con que se mire, y para “los otros” ha tenido el cariz de sábado de gloria; al fin nos hemos librado de ese adefesio de chapa blanca y azul anclado en la orilla norte de nuestro río, que tanto deslucía el "sky line".