La impresora está encendida. Hay una mosca con seis patas negras que masculla panza arriba un grito de socorro en la tapa de la bandeja de la Epson EPL-6200. Se agita en ebullición de miembros fríos y cristalinos. Patas brunas, articuladas y esqueléticas: estira, encoge, estira, encoge.

Ahora arrugada, parece que salude con las dos manitas más pequeñas, con un impulso lacónico y enano tensa con fuerza el último par de patas,tanto, tanto, que araña los cielos blancos del techo.

Hay una mosca con que encoge las patas aceradas y temblorosas, y ahora las estira. Por momentos, es tal la vibración e impulso que su cuerpo negroplateado se golpea contra el plástico granoso.
Ahora paralizada, mira al techo buscando una solución inútil: es la época del año en la que las moscas tienen que morir.

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Vosotras las familiares,
Inevitables, golosas,
Vosotras moscas vulgares
Me evocáis todas las cosas.
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(A. Machado)