Me gusta El método. Me gustan sobre todo las imágenes iniciales, la simultaneidad de los créditos y la presentación de los personajes. Son rápidas, trepidantes, intensas, y al mismo tiempo largas, como el día que se avecina. El bullicio de la calle, del bar, de las mesas de desayunos en familia, son los únicos exteriores de todo el film, salvo la escena final. Me gusta esa pantalla dividida en varias partes que nos muestra, por momentos y en cada pieza, la misma acción de algunos personajes desde varios ángulos diferentes. Fernando que entra en el bar-barullo desde perspectivas diferentes. Me gustan estas repeticiones, estas escenas repetidas desde planos diferentes, ¿una referencia buñueliana? -"La repetición me atrae, tiene un efecto hipnótico”-.

“Siempre me he sentido atraído, en la vida como en mis películas, por las cosas que se repiten. No sé por qué, no trato de explicarlo. En El ángel exterminador hay por lo menos una decena de repeticiones.” Luis Buñuel: Mi último suspiro.
-O, simplemente una atracción del amigo Piñeyro-.

Me gustan las escenas de los personajes ante la mesa: debaten, esconden, fingen, pasean, increpan, se enfadan, lloran, se asoman a la ventana, sitian, tontean, se venden, embisten, recuerdan. Y es curiosa la fuerza de la memoria, en uno de esos momentos: la ventana, el hombre, su mirada y un “déjà vu” en mi recuerdo, efectivamente: 12 hombres sin piedad, ¿otra referencia?

Tan sólo un detalle, le falta una chispa de sorna y un aliento de ironía, y le sobran ciertos momentos en que Piñeyro se pone estupendo o, como diría el hombre exigente, se pone melancólico.