¿Desde cuándo le ha dado al PP charro por los asuntos exteriores? ¿A qué viene esta desmedida afición de los gerifaltes provinciales del  PP por los viajes a Argentina? Financiación partidista, ¿tal vez, donativos anónimos? No hace  un mes  la señora Presidenta de la Diputación con séquito y viandas disfrutó de un   viajecillo por  la tierra de los “ches”, y ayer mismo mi Lanzarote ha regresado de su viaje hecho de un “porteño” de pro, experto en  tango  y bandoneón. Cualquier día de estos contesta en el pleno las preguntas del sosín de Fernando Pablos  con aquello de “Tomo y obligo...”, y  si no al tiempo.

Claro que las vueltas a la realidad son duras, y recién llega mi Lanzarote  se encuentra con que le han vuelto a ilustrar en rojo el medallón  que el Caudillo tiene en la  plaza Mayor.  Él que tan limpito y lustroso lo  había dejado para la Cumbre Iberoamericana  y ¡zas! ,  una vez más,  botecito de pintura al canto. Si es que son unos vándalos...., precisamente ahora que se cumplen  los treinta años de su muerte, se lo tienen que embadurnar con saña.  Con lo adecuado del medallón  en esta plaza Mayor, testigo de las arengas del de Ferrol a los capitalinos una vez instalado su cuartel general en el Palacio del Obispo frente a la Catedral nueva –siempre con tutela de los cielos, el general-,  y muy cerca del paraninfo de la Universidad donde el  general Millán Astray  —un bohemio del patriotismo— interrumpió el discurso del rector Unamuno con su agraciado grito de guerra: “¡Muera la inteligencia!