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Emma B. El diario de una chica de provincias

hombres con los que no me he casado

Benjamín retorcía entre sus dedos afilados una bufanda de listas marrones y grises antes de atropellar con miradas desgarradoras a la mujer deseada. Miraba sin hablar. Farfullaba torpe y a trompicones, repleto de centellas entre los labios.

Gabriel tenía alergia a los metales y un dólar de plata en el bolsillo derecho de su pantalón de pana azul marino. Cada vez que estrechaba la moneda con su mano un sarpullido cenizo infestaba su reluciente piel morena.

Ricardo Fontenla miraba fijamente y de lejos, ausente, de viaje una temporada en el infierno a la búsqueda de las secretas palabras de poeta.

Benito hablaba por los codos sin esconder sus manos callosas y agrietadas, demasiado estropeadas de tanto yeso en las paredes. Cuidaba con tenacidad infantil sus preciados rizos rubios que hacían juego con sus sonrientes ojos azules.

4 comentarios

emma b -

me gusta su asociación, querido sentado, pero... ¿aún hay rebajas?

emma b -

me temo, querido, que a todos nos conquistan por la orejilla: un toque de adulación, dos pizcas de elogios, algo de jabón y cuatro aplausos, y listo... ah, servir seco, sin hielo.

Sentado -

Me deja sin palabras, que busque un hombre de rebajas en este horizonte helado.
Le sugiero que eso es un mal innecesario

Finito de Aldeatejada -A la sazón novillero- -

Y \"Finito de Aldeatejada\" seducia con su mirada. No necesitaba despegar los labios, pues con una simple mirada y el esbozo de una sonrisa, podía intuir que aquella mujer sería suya. Sabía, a base de muchas faenas de aliño, lo que les gusta escuchar a las mujeres...a las mujeres se les conquista por el oido\".