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Hoy es un día blanco. Esta mañana, la vecina, una jubilada rubia, de lengua afilada y manos ruidosas, me ha regalado un ramo de lilas blancas, perfumadas con olor a jueves de abril.

"Quand je vais chez la fleuriste
Je n’achèt’ que des lilas
Si ma chanson chante triste
C’est que l’amour n’est plus là"

Esta tarde el estanquero de los cigarros que casi no fumo, un moreno de nariz judía y ojos de treinta y tantos, me ha regalado un par de kits japoneses para comer: palillos de cerezo, mantel bordado, servilleta y posatacitas de té.

"Dieu est un fumeur de havanes
Tout près de toi, loin de lui
J’aimerais te garder toute ma vie
Comprends-moi ma chérie

Tu n’es qu’un fumeur de gitanes
Et la dernière je veux
La voir briller au fond de mes yeux
Aime-moi nom de Dieu"

Ahora, sólo me queda colarme en el traje chino de seda negra, estampado con dragones verdes, cerezos en flor y puentes de madera; prender las lilas en el pelo, y seducir al moreno rapado de labios de faraón, en la casa de la luna del té de agosto.