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sábado 5/08/06: Ayer comenzó a oler a monte quemado. Señales de humo en el horizonte contienen mensajes cifrados que no he logrado desentrañar.

domingo 6/08/06: Sin pájaros en el cielo, sólo helicópteros cargados de nidos de agua y aviones con la panza recién saciada. El olor a eucalipto quemado ya no es un gustillo entre los sabores del tomate y los pescaditos fritos, todo sabe a eucalipto a la brasa. Un sol rojo se pone oculto por las nubes de humo: anochecer a la brasa y nocturno de sirenas.

lunes 7/08/06: Ya no hay aire, sólo humo. Es difícil respirar. El fuego ya no es una fotografía, ni un paisaje lunar tras la ventanilla del tren, está aquí al lado. Los caballos relinchan hora tras hora, gritan y desesperan. Las chamuscas vuelan azotadas por el nordeste. Arden los robles, más eucaliptos, los helechos, el limonero, los castaños, la hierba del jardín. El fuego está a la puerta y las viñas churruscadas. El agua embriaga las llamas. Los rescoldos aúllan en la madrugada insomne. Los dientes castañean de miedo. Los pasos entre ascuas levantan ampollas en los pies y dejan cenizas en los labios.