La diseñadora australiana, Aheda Zanetti, ha ideado un bañador especialmente concebido para que las mujeres musulmanas puedan disfrutar de la playa y el mar sin temor al apedreo de sus señores, y lo ha llamado burkini. Tal trapito –como su nombre indica— es una mezcla del burka y bikini, un dos piezas que te tapa enterita, dejando solo al descubierto la cara, los pies y las manos; ni un pelo al viento, ni un lunar en lontananza. Claro, que también resulta ideal para alérgicas al depilado o al sol. El modelito está confeccionado en un tejido especial, que protege de los rayos UV y seca en un plis-plas, lo que debe ser muy de agradecer para sobrevivir a la irritante sensación de la lycra mojada pegada a la piel de todo el cuerpo durante horas.

Rabieta casi tan picajosa como la que nos provoca perder el móvil en estos tiempos en que lo llevamos con nosotros, más que al amante, hasta en la ducha. Y así, claro, terminamos olvidándolo en cualquier esquina, quizás en un deseo inconsciente de librarnos de su tiranía —Ya lo decía el señor Julio Camba: “El teléfono es nuestro tirano. Es un tirano arbitrario, irritable y neurasténico que nos llama con su voz gangosa en los momentos más solemnes de nuestra vida”—. Los españoles tenemos predilección por dejarlos tirados en los taxis: ¡hala! a recorrer mundo, los italianos suelen perderlo en el trabajo y los ingleses en los partys –esos eventos sociales donde se bebe gin-tonic y no se come—, claro que los alemanes no lo pierden nunca: ya lo han incorporado a su fisiología como otro miembro más, imprevisible e inoportuno las más de las veces. ¿Os suena, queridos?