Después de una semanita de pasión, con más fresquito del deseable, atascos de viacrucis, sin torrijas ni capirotes, con un mochuelo oteando desde la cerca de Doñana, flamencos a miles, y el olor de azahar en las plazas y recodos; la vuelta mis lides diarias me ha deparado una sorpresa tan golosa que voy camino de atracarme sin mover los carrillos. Si es que... ¡los tiempos avanza que es una barbaridad! y quién lo diría, clavadita a mi TFT puedo ojear un sin fin de semanarios, periodicuchos, revistillas, editadas en España desde el año 1772 hasta 1933 que la Biblioteca Nacional ha colgado en su hemeroteca digital. Uno de mis favoritos es El Tirabeque. Periódico semanal, satírico–político–burlesco, y algo más, publicado allá por 1870 en plena vorágine del sexenio revolucionario —cuando Prim andaba a la caza de un príncipe que gustase en reinar en un país dominado por la inestabilidad política—, que no se cortaba en repartir a diestro y siniestro.


"—¿Sabe su mercé que el ministro de la Desgracia y la Injusticia está tan delicadillo que le han mandado los facultativos guardar cama por algunos días?
—Esas son las consecuencias de la excomunión
—¡Quiá! Lo que le pasa á ese caballero ministro, es que debia de purgarse muy a menudo, pues todavía no he visto á un progresista que no padezca del estómago.
[...]
—Y Prim, ¿qué hacia?
—Ese se me figura que estaba viendo la Manifestación entre bastidores, ó examinando una ametralladora ó dos, que ha tenido el capricho de comprarse con nuestro dinero para mas tarde convertirnos esa plata en plomo, y metérsela en el cuerpo al lucero del alba que le diga buenos ojos ojos tienes...
—Tirabeque, esas armas serán para los carlistas.
—Si ya no queda más que media docena de curas que se van á enviar como regalo al emperador de Guinea, metidos en una jaula de hierro, y con collar de cascabeles y campanillas al pescuezo para que piensen en la Resurrección y en Pascua Florida..."

El Tirabeque. Año I. Capillada IV. 11 de septiembre de 1870.