Los pensamientos han llegado a mi balcón. Se han instalado en cuatro tiestos descoloridos, han acicalados sus pétalos y estirado las hojas pequeñas. Resisten sin una arruga estas madrugadas de diez bajo cero. Al mediodía, sus flores azules y amarillas giran despacio, muy despacio como girasoles perezosos estrujando el último rayo de sol invernal.