"Son ahora las cuatro de la tarde. Subo al desván para charlar un rato con la araña que hace un par de días descubrí tejiendo en un rincón.

Sé de antemano que no va a ser una entrevista fácil. Las arañas son criaturas taciturnas y perversas que sólo se preocupan de sus cosas. De todas formas, vale la pena intentarlo. Me servirá de ayuda, con toda seguridad, la media botella de vino que acabo de meterme entre pecho y espalda.

Tomo asiento junto a la araña y le pregunto cómo se llama.

Durante los primeros momentos no quiere decírmelo. Luego se lo piensa mejor y responde que se llama Matilde. Tiene una vocecita de contralto. Le digo que Matilde es un nombre germano que significar la que "lucha con fuerza". La araña me pregunta si estoy seguro de que Matilde significa eso y le contesto que sí, que estoy completamente seguro.

-Las mujeres que se llaman Matilde -le explico- son poco frívolas y profundas. Son también esmeradas en su trabajo, pacientes y virtuosas.

La araña se queda un buen rato sin decir nada, pero no por eso deja de tejer. Le está saliendo una red magnífica.

-Si fuese una mosca, no me importaría quedar atrapado en esa red -le digo, para halagarla.

Pero ella continúa callada, sin agradecerme el cumplido. Está pensando en otra cosa."

El canto de las tortugas. Javier Tomeo.

Para la pequeña Matilde que habla por los codos, y que no consigue zafarse de la escuela a pesar de que todas las mañanas le duele el pelo.