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Llevo un año que..., para empaquetar o casi mejor envasar al vacío para que no escape nada y dejarlo bien arrinconado en la cajita de Heidemarie dando vueltas al planeta ad infinitum. Voy a Córdoba y no sólo ni un rayito de sol por poniente o naciente, sino que llueve sin parar todo un día en plan Santiago de Compostela. En fin... Los naranjos pingando, el Guadalquivir color beig y los patios con olor a humedad y piedra mojada igualito que la plaza de Platerías.

A última hora, un joven taxista de patillas estilizadas y voz cantarina nos cuenta la historia de Córdoba a toda pastilla en los diez minutos del trayecto de la mezquita a la estación del AVE. Desde el esplendor de los tiempos de Roma, oculto bajo las calles empedradas; el saber de Séneca; las poetisas árabes; la belleza de las mujeres cordobesas —resultado de las guapas mujeres persas o de Damasco, traídas para los harenes de los omeyas, y las hijas de los reyes de Navarra casadas con príncipes omeyas—; los conocimientos y nobleza de la dinastía omeya; la mala sangre de Almanzor; la grandeza de Góngora —quien, por cierto, estudió en Salamanca—, de quién los cordobeses han heredado el graciejo y el punto satírico; a la pintura de Julio Romero de Torres. Varias enciclopedias en una carrera de siete euros.

“Vuela, pensamiento, y diles
a los ojos que te envío
que eres mío.”

Luis de Góngora

Y como tengo el día juguetón, a pesar de ser un lunes frío, lluvioso y desapacible, esta otra letrilla –mi favorita-:

"Quien quiere un juguete
No lo vendo por travieso
ni porque a nadie ofende
es alegre y juguetón
y por las niñas se pierde
Niñas, guardaos de enojarle
que vive dios que arremete
y cuando estéis más seguras
por vuestro postigos entre.
Que ni hiere, ni mata,
ni pica, ni muerde.
Es alegre a todas horas
y amanece o no amanece
hay vecina que daría
cuanto tiene por tenerle.
Porque le conoce ya
y porque son más de siete
las noches que por pecar
ha amanecido a la muerte.

Que ni hiere, ni mata,
Ni pica, ni muerde.
Es su condición tan noble
que cuanto más furia tiene
las niñas juegan con él
al juego del esconderse
a mí me daba Juanilla
la esposa de Antón Llorente
una hora de descanso
por un palmo del juguete."

Luis de Góngora.