Todavía no ha comenzado a calentar. Florita no le ha puesto la gorrita de béisbol verde a sus caniches, en pelota picada los lleva sin rebequita, ni abrigo. Con los ojos cargados de rimmel y labios chillones y el palmito azabache y azucena, Florita pasea calle abajo con sus perritos lanitas beiges. Ellos con sus cascabeles cantarines al trote tiran de Florita con brío y alegría: es sábado, han desayunado galletitas y corre una brisa apacible; y ella..., ella en cualquier momento comenzará a cantar: "Corre, corre caballito que a mi casa estoy llegando..." con voz de olitas del mar Muerto.