Ya tengo la bombilla de Sebastián. Ha tardado, incluso llegué a pensar que lo había soñado como cuando sueño que he perdido a misombra y al salir a la calle ahí está, sin quitarme ojo. Tras tanto esperar ya no sé qué hacer con ella, si buscarme un enchufe para amante de alto cargo que me monte un pisito; ponerla cual peineta estilo Martirio, aprovecharla como pisapapeles emulando al "pisapapeles príapo" de Man Ray pero en castrati, o donársela a Milanzarote ahora que habrá quedado a oscuras tras la última iluminación regulativa de las callecitas.

También tengo del programa de las charrifiestas 2009, y para que no me lo pierda han colocado el desfile procesional-ofrenda floral a las siete de la tarde. Allí estaré en primera fila, cámara al hombro dispuesta a fotografiar a Milanza uniformado de charro. Como no vaya le planto en el altar, y me voy con Pepiño Blanco que últimamente arrasa -siento ponerme dura Toisa, querido, pero si no este hombre me deja compuesta y sin novio-.

Estoy muy preocupada, voy a tener que dejaros desatendidos niños queridos porque con tal programa petado de acontecimientos que ha preparado Milanza: el concurso hípico, el concurso de petanca, los pasodobles toreros, el torneo de fútbol sala, la pelota a mano y el tenis, la concentración de tamborileros, la demostración aérea, Lauren Risueño y el baile de sevillanas, voy a terminar rendidiña. Uy! y aún tendré que buscar un hueco para no perderme a mis queridos Les Enjoliveurs. Tal vez la solución pudiera ser acoplar la bombilla de Sebastián a mi achacoso corazoncito y que me mantenga despierta y lúcida escribiente para contaros los pormenores de todos estos prometedores aconteceres. ¿Será posible, doctor?