cocochanel.JPGY con éste van siete, ¡qué semanita! prácticamente no duermo desde que vi ese anuncio de la última página de El País del pasado domingo. Un recuadro resaltado y con pinta de valer un pastón anunciaba: “Divorciado. Empresario, universitario. 67 años. Desea conocer..."
Tras la primera sonrisita, me dije: “Nena, esto no es normal”, la curiosidad, el morbo me picaban desde el principio. Qué clase de tipo con 67 añejos tenía la osadía de poner semejante anuncio discreto, algo cursi, sí, pero en un periódico serio, de centro-izquierda, de tirada nacional, y en una página que no es para contactos. Un clásico forrado, no hay duda, me respondí, y algo atrevido –bueno, tanto como esto no sé...-.
Y desde el primer momento me vi envuelta en la pregunta del millón: ¿Le escribo? yo, una chicuela de provincias, algo seca y ajada por el frío. ¿Estaré a la altura? Porque ahí, ahí se huele pasta. Como sin querer la cosa comencé mi cartita al “Cortina” de turno... Una carta con estilo, funcional y escueta: “Licenciada..." pero no conseguía terminarla, hay algo en ese tono que no me va... Ya el jueves, harta de darle vueltas, me decidí y rebobiné a por una nueva, más yo, mas traviesa...; pero no sé... me desconcierta el anuncio. Qué le puede ir a un tipo que busca una “mujer básicamente buena, sencilla y a ser posible cristiana”, y me topaba de bruces con el vacío existencial. En un arrebato de viernes eufórico acabé mi cartita mezcla de ambas y corta, corta...
Y ahora, si me contesta ¿qué me pongo?