Mi querido ilustrado JPQ comentaba ayer en su blog el encuentro parisino de Chirac – Putin – Schroeder – Zapatero, y citaba las palabras de Havel a propósito de rasPutin: “está protagonizando una peligrosa deriva autoritaria. En Rusia, debemos constatar una refinada limitación de la libertad de palabra, una manipulación permanente de los medios de comunicación, una lucha muy especial contra los oligarcas y una represión brutal en Chechenia”.
Este achacoso corazón dio un vuelco por ”el glorioso pueblo ruso” y su desgraciado destino: en saliendo del feudalismo encaran la primera revolución marxista –sin Marx-, luego vendrá el terror, los millones de muertos y la guerra fría, y cuando parecía que un hombre razonable y sensato –Gorbachov- podría encarrilar la futura democracia, otro golpe de la testaruda fortuna los arroja en los brazos de este sátrapa de ojos fríos y labios finos.
Yo que sueño contar como Chejov, que admiro sus vanguardias artísticas desde Rodchenko, Kandinsky, Malevich a Mayakoski, y sus mujeres: Gala, Varvara Stepanova, Popova o, el reciente descubrimiento –gracias ilustrado-, Marina Tsvétaéva apasionada como un tango y de fatídico sino como su pueblo; no puedo comprender este cruel y centenario destino.
Aunque, como alguien dijo –Lenin¿?-: "Cada pueblo tiene los gobernantes que se merece". En este caso, me resisto a creerlo.