Me dice la gallega que el acto de inauguración de la nueva iluminación de la fachada posterior de la Casa Lis resultó un evento-ágape de lo más coqueto e íntimo –ya se sabe la tropa no contradice al cacique–.
Aprovechó el museo para celebrar el décimo aniversario de su apertura, informar de las actividades proyectadas para celebrar, también, el centenario de su construcción, y una vez más difundir su precaria situación económica por el impago de la aportación del Ayuntamiento de Salamanca.
A recordar: es el museo más visitado de Castilla y León —of course más que el mimado de mi querido Lanzarote, el museo de la automoción—.