Lo bueno de volar es que puedo ver las nubes al revés. Desde la tierra se ven lejanas y planas como una fotografía; pero vistas desde arriba pueden descubrirse recovecos, pasillos, montañas y simas de la densidad inconsistente de las claras a punto de nieve. Lo que más me gusta de viajar en avión es despegar cuando el cielo está nublado y llueve, el avión asciende cortante entre una masa de humo compacto, denso y gris. Minutos más tarde alcanza una zona de niebla brillante, luminosa, cegadora, señal de que nuestra ascensión nebulosa va terminando y pronto estaremos bajo un cielo azul, casi añil, más radiante, más frío y más cercano.