Antes de la guerra, bajo las doradas molduras románticas y la araña de cristal del salón de baile del Círculo de Bellas Artes, las jóvenes aristocráticas madrileñas seducían con sus bailes entre un fru-fru de sedas y tules; el sábado pasado la hija de la baronesa von Sacher-Masoch, Marianne Faithfull, sedujo a la concurrencia con su voz cruda y profunda y sus intensos ojos azules, a pesar de la blusa cursi de señora inglesa de vacaciones en Benidorm.

Con un cuarto de hora de retraso, sin probar sonido y con un "focking cold", MF comenzó su primer concierto en Madrid, después muchos años, como una auténtica my lady: "Thank you ladys and gentelmans...". Un concierto intimista, cercano —más de sentados que de pies y con el cuello al límite de la distensión— en el que cantó dieciséis temas de su larga carrera: desde As tears go by —la primera canción escrita por Jagger y Richards— con una voz cargada de autodestrucción y noches al relente en las calles del Soho, nada que ver con la inocente y modosita de los años 60; Vagabond ways; Love & Money, Something Good de su album Kissin Time; a Crazy love del señor Nick Cave, de su último disco Before the Poison. Solo faltaron algunos de sus temas de Bertolt Brecht y Kut Weill, una pena!

My lady con sus 61 años, sus kilos, su cáncer a cuestas y su tatuaje de mano, vibraba feliz en el escenario, parloteaba, agradecía los piropos, se acercaba al atril y con elegancia se ponía las gafas de ver entre canción y canción, bebía té y sorbos de agua que rodaban mentón abajo, rebosaba energía, generosa, como sólo los supervivientes saben hacerlo. Un único bis, el maravilloso Don't forget me de Harry Nilsson.