Hay días en que amanece soleado, el aire está helado por fuera y adormecido por dentro. En un abrir y cerrar de ojos llega la tarde, y en un rincón del Fonseca un hombre alto, de ojos pequeños y gafas de concha nos trae un soplo de felicidad al recordarnos la ironía de Borges, el humor de escarnio de Quevedo, al Cortázar que no dejaba de crecer, y las palabras de Valle-Inclán: “la risa y las lágrimas son los caminos de Dios. Esa es mi estética, y la de usted”. Alfredo Bryce Echenique:

"Mi literatura nace de un empacho de asombro. El escritor es un ser sorprendido"