Estas son unas navidades tomeístas, para ser exacta ha sido un año tomeísta, me he dedicado al señor Tomeo en cuerpo y alma. Todo comenzó en invierno con “El cantante de boleros” que me cautivó por su lenguaje trasnochado y ternura, luego fue “La noche del lobo” que me recordó al teatro del absurdo de “Esperando a Godot”, en ella dos hombres inmovilizados por una caída están condenados a conversar en su soledad , una fría noche de niebla al borde de un camino, y para rematar he engullido entre mazapán y polvorón “El crimen del cine Oriente” con un picante regusto a melodrama de arrabal cañí y “El castillo de la carta cifrada” de empaque más complejo y tintes kafkianos: “Alrededor del amor acechan siempre monstruos de sangre fría”. Me gustan sus textos cargados de ironía y poesía, su punto divertido, esa sensación de siempre hay algo más allá de la historia evidente. Vista desde fuera, sin lugar a dudas, ésta es la Navidad del señor Sarkozy y su enamoradita la señorita Bruni, de voz melosa y longa cabellera, a lo Francoise Hardy o Jane Birkin —que seguro le ponían al presi ya en sus años juveniles—, que cantaba aquello de: “Tu es l’envie, e moi le geste, t’oi le citron, et moi le zeste... t’es le moustache de mon Trosky,...., Toi la putain, et moi la passe..., T’es tous les éclats de mon rire, .. T’es le jamais de mon toujours. T’es mon amour, t’es mon amour...”.